Ruta Inka 2010

Ruta Inka es una propuesta amplia para todos los jóvenes del mundo que quieran participar de una travesía alucinante por las tierras de Latinoamérica. Con la colaboración de gobiernos locales, autoridades comprometidas y los directores del proyecto se ha llevado a cabo a lo largo de diez años consecutivos esta iniciativa que, ante todo, promueve el reconocimiento íntegro de nuestras raíces culturales y da espacios para la interacción e integración mutua entre los distintos participantes. A modo de breve reseña histórica, vale la pena recordar que Ruta Inka nació el año 2000 con motivo del advenimiento del nuevo milenio y en el marco de Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas.

El objetivo primordial que este proyecto persigue es el de promocionar las culturas que se desarrollaron en el antiguo Tahuantinsuyo, al tiempo de promover relaciones de hermandad con otros pueblos indígenas de América, con el protagonismo de estudiantes de excelencia especialmente convocados de diversos países del mundo.

Además, al tratarse Ruta Inka de un proyecto cultural de amplio nivel de convocatoria, lo que se busca también es que mediante este primer reconocimiento de los parajes, tradiciones, alianzas históricas, levantamiento de santuarios arqueológicos, los jóvenes que formen parte de esta travesía, herederos de todo este trasfondo histórico y cultural que nos envuelve, se conviertan paulatinamente en los Embajadores Honorarios que vayan esparciendo conocimiento, experiencia y ,antes que nada, deseos y proyectos concretos para cambiar las estructuras a un mundo más equitativo e incluyente.

La primera edición, por gestión de legisladores peruanos fue oficializada con Resolución Ministerial 207-2002/RE, como la “Ruta Inka 2002 – Expedición a los Cuatro Suyos” pero aún así no tuvo los recursos de gestión para la convocatoria de los participantes y la captación de cooperación, por lo que tuvo que ser clausurada prematuramente luego de visitar el Cusco, Puno y Moquegua. No obstante, la Ruta Inka fue reconfortada por el llamado a los pueblos por parte de Rigoberta Menchú (Premio Nobel de la paz 1992), quien luego de reconocer que no se trata de una tarea sencilla, en vista de los obstáculos estructurales en las sociedades latinoamericanas, expresó su esperanza de que “estos esfuerzos se repitan, en beneficio de los pueblos indígenas de Latinoamérica y se sumen a otros similares y vayan más allá. Que trasciendan las fronteras geográficas y temporales y se incorporen plena, activa y vivencialmente al patrimonio cultural de la humanidad…”