Casa del Joven: otra manera de okupar.

Genry Paquel, coordinador de la Casa okupa del Joven,  señala que la diferencia entre ocupa con c y okupa con k reside en que existe un espectro de formas de ocupar: “la gente ocupa terrenos que han permanecido baldíos por mucho tiempo para construir una vivienda, mientras que otros ocupan edificios públicos abandonados para hacer espacios comunitarios con cierto pensamiento anarquista: estos somos los denominados okupas”.

La Casa okupa o Casa del Joven se encuentra ubicada en el Parque ecológico, entre Mastodontes y Carcelén Bajo, en lo que antiguamente era el relleno de la quebrada de este sector. El proyecto, relacionado íntimamente al Movimiento Okupa a nivel mundial, surgió gracias a la necesidad de tener un espacio en donde se puedan desarrollar actividades artísticas y compartirlas con la comunidad, con el objetivo de ofrecer una alternativa contra la propiedad privada y a favor de la propiedad comunitaria.

Establecer esta transformación ha sido un proceso del día a día en Carcelén Bajo. Las instalaciones en las que ahora se encuentra la Casa del Joven fueron, en la alcaldía de Rodrigo Paz, hace 20 años, una construcción de una sola planta, destinada a ser los baños del parque municipal. Por más de diez años, la construcción quedó abandonada y prácticamente inservible. Ahí se escondían ladrones y violadores: el lugar se convirtió en un espacio sumamente inseguro e insalubre. Surgieron propuestas de la comunidad de tumbar la construcción y acabar con todos los problemas que ocasionaba.

Frente a esta situación, surgió un grupo de jóvenes, pertenecientes a un grupo juvenil del sector, que tomó el lugar para desarrollar actividades artísticas, culturales y deportivas. Gracias al trabajo voluntario de los chicos, una minoría de la comunidad, la autogestión para obtener recursos estatales y donaciones monetarias del extranjero es posible.

Esta organización informal organiza actividades recreativas para la comunidad de Carcelén Bajo: brinda talleres de danza para jóvenes y adultos, talleres de ecología urbana, colonias vacacionales, cuenta con un huerto orgánico comunitario y una radio comunitaria denominada Radio Parlante. La Casa del Joven ha realizado ciclopazos en el sector, ha colaborado con la arborización del parque y la producción de un periódico impreso barrial, entre otras actividades educativas, culturales y comunicativas.

La Casa del Joven le apuesta a la horizontalidad, principio anarquista que se basa en una organización sin jerarquías. En la Casa del Joven no se elige directiva; su organización se basa en la coordinación de actividades de manera informal bajo acuerdos de convivencia básicos, como no fumar dentro del edificio y cuidar las instalaciones.

Esta casa ha  tenido algunos problemas debido a su carácter beligerante, contestatario y fuera del marco legal. Los jóvenes han tenido  que luchar contra el desalojo del Municipio y, sobre todo, contra la apatía de ciertos sectores de la comunidad. Franklin Larrea señala que existen muchas formas de ocupar: “Hay gente que viene a esta casa y ocupa sin necesidad de racionalizar lo que está haciendo, sin necesidad de caer en cuenta de que está ocupando un espacio que estaba destinado para otra actividad. Hay otros, como yo, que ocupamos criticando el precepto fundamental y mundial de la propiedad privada. Esto involucra ceder el propio espacio privado”.

La Casa del Joven no es la única casa okupa en el Ecuador: existen ejemplos en el sector de Carapungo, donde se desarrolla un trabajo similar.

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Sobre el autor

Paulina Cevallos. Redactora de El Imperdible.