El Arrastre de Caudas es una ceremonia de purificación.

Todas las cabezas agachadas, los ojos un tanto sollozantes, de algunos, y un tanto intrigados, de otros. La piel se nos pone de gallina cuando al compás de una música lúgubre y un tanto fúnebre (Cantos Gregorianos) vemos pasar a los canónigos vestidos completamente de negro, arrastrando una capa que mide varios metros de largo, más conocida como “cauda”.

El Arrastre de Caudas o la Reseña, es un antiguo ritual funerario romano, que se realiza en Quito desde el siglo XVI, al mediodía del Miércoles Santo. Simboliza la recolección de los pecados de la humanidad a través del recorrido que realizan los canónigos al interior de la Catedral.

Esta ceremonia es una expresión religiosa muy tradicional que se originó en Sevilla y que proviene de la época del Imperio Romano en la Edad Media, según  explicó Danilo Echeverría,  Obispo Auxiliar. Con la llegada de los españoles a  América esta práctica se instauró en la ciudad de Quito.

Los ocho canónigos visten de negro, símbolo de luto por la muerte de nuestro señor Jesucristo. Como explica Monseñor Hugo Reinoso, llevan tres prendas: la sotana, una capa pequeña y la capucha de la que se desprende la cauda, una tela negra de varios metros de largo que cae por las espaldas de los religiosos y se arrastra por el suelo.

Una vez que han pasado los canónigos, acompañados por dos acólitos con cirios encendidos, se abre paso al Arzobispo de Quito que, vestido con una sotana blanca,  capucha y cauda púrpuras, que simbolizan la pureza y la penitencia respectivamente, lleva el Lignum Crucis, un relicario de oro y piedras preciosas, con dos astillas que la tradición considera fragmentos de la cruz de Cristo. Al pasar el Lignum Crucis todos los presentes se van poniendo de rodillas en recordatorio del padecimiento de Cristo para y por nosotros.

Cuando ha terminado la “procesión” los sacerdotes se postran a los pies del altar mayor y el Arzobispo bate la gran bandera negra con una cruz de un intenso rojo en el centro, en primer lugar sobre el altar, para recordarnos que ahí está el cuerpo de Cristo, después se voltea y la bate sobre los canónigos postrados, para contagiarlos de “la energía, los méritos y el espíritu” del Salvador; este ritual, conocido como “la batida de la bandera”, era una ceremonia fúnebre practicada por el ejército romano. Cuando un general moría, el jefe de la legión batía el estandarte sobre el cuerpo del militar y luego sobre la tropa para transmitirles sus virtudes y fortaleza.

Luego de este acto la comunidad entera es bendecida por la cruz y, mientras se van cantando diferentes salmos, la catedral se va iluminando poco a poco. En nuestras mentes y corazones quedan grabadas diferentes imágenes, pero sobre todo, el recuerdo del sacrificio y resurrección de Cristo para salvarnos de nuestros pecados.

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Sobre el autor

Alberto Rengifo H. Redactor de El Imperdible Estudiante de la Faculta de Comunicación, Linguística y Literatura de la P.U.C.E