La calidad cinematográfica no tiene que ver con el presupuesto

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Cualquiera pensaría que la película ecuatoriana más vendida es Qué tan lejos, pero en realidad ésta es Sicarios Manabitas de Fernando Cedeño, un film que circula por la Bahía de Guayaquil y ha vendido más de un millón de copias. De igual manera, existen cientos de producciones ecuatorianas hechas por cineastas “amateur” fuera de los círculos convenciones, que pese al bajo presupuesto logran un enorme éxito y han ganado su propio espacio dentro del mercado pirata.

El pasado 30 de septiembre inició en las salas de Ocho y Medio el primer festival “Ecuador Bajo Tierra”, que presentó 17 películas seleccionadas de bajo presupuesto. El festival, junto con la publicación del libro Ecuador Bajo Tierra, videografías en circulación paralela, fue una iniciativa de varios cineastas y críticos entre los que destaca Miguel Alvear, director del proyecto. Tuvo el apoyo del Ministerio de Cultura, la Secretaría Nacional del Migrante y la Fundación Príncipe Claus de Holanda.

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Pero, ¿cuál es la relevancia de este festival? En principio las cintas parecerían ser de baja calidad, los actores no son profesionales, la mayoría fueron rodadas con cámaras digitales y, a decir verdad, algunas resultan hilarantes sin pretenderlo. No obstante, estas cintas poseen gran valor para el cine ecuatoriano en tres sentidos: en primer lugar, demuestra la brecha que existe entre los centros oficiales de producción y las personas con proyectos; en segundo lugar, demuestra que este tipo de cine merece tanto la tención que se ha logrado posicionar dentro de un mercado saturado; y, finalmente, las propuestas incursionan dentro del cine de género. Este último punto es tal vez el de mayor trascendencia. El cine ecuatoriano, si bien mejorado su calidad en los últimos años, casi no ha producido cine de género y se ha dedicado a un ”Realismo sucio” que ha menospreciado otras maneras de  expresión. Dentro de la muestra encontramos cintas que exploran distintos géneros: westerns montubios como Sicarios Manabitas, el melodrama en Buscando a mamá, el terror con Luz entre las tinieblas e, incluso, la acción en Tráfico y secuestro al presidente.

Lo interesante es que, pese a los bajos presupuestos, estos cineastas, que provienen de lugares como Chone, Cuenca, Azogues, entre otros, se han propuesto realizar buen cine de acuerdo a sus intereses. Algunas de las cintas son las primeras en su género dentro de nuestro país, y responden a los gustos de sus creadores, quienes son, simplemente, amantes del cine. Posiblemente, nos encontremos frente al comienzo de una nueva tendencia en el cine ecuatoriano, que nace en el cine B, pero que, esperemos, se extienda a los círculos legitimados del audiovisual.

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Néstor Polo. Redactor de El Imperdible.