La ayahuasca, también conocida como yagé o caapi, proviene de la corteza de una planta trepadora que crece en el valle del Amazonas, al este del Ecuador y en ciertas regiones de Perú, Colombia y Venezuela. En el mundo científico es conocida, como Banisteriopsis caapi. Su preparación consiste en hervir la corteza junto con las hojas de otras plantas que, según los mismos indígenas, proveen mejores y más luminosas visiones. Dependiendo del propósito por el cual esta bebida va a ser utilizada – viajes astrales, telepatía, curación, comunicación con espíritus o adivinación- los ingredientes varían.
La palabra ayahuasca tiene origen quechua. Su traducción literal es aya-muerte y huasca-soga o embriaguez. Es un sentido más general, según Albert Hofmann, significa: “soga que une el mundo de los vivos con los [mundos] de los espíritus”. Varios antropólogos establecen que la ayahuasca, ya en las grandes civilizaciones precolombinas amazónicas, era utilizada y considerada como una bebida sagrada. Muchos mitos giran alrededor de ella; por ejemplo, se dice que los sacerdotes del Sol, con la ayuda de la ayahuasca, predijeron la caída del Imperio Inca.
Los dones de esta bebida de uso ritual no fueron descubiertos por el mundo occidental sino hasta 1951, por Richard Spruce. Siete años después, el ecuatoriano Manuel Villavicencio fue la primera persona no indígena que la probó, sus visiones fueron: “los más sobrecogedores paisajes, grandes ciudades, maravillosas torres, bellos parques y otras cosas magníficas”.
Desde el punto de vista científico, como explica Richard Schultes, la ayahuasca produce alucinaciones y visiones luminosas aún con los ojos cerrados, puede ser una “intoxicación agradable”. Antes de que el “viaje” sea bueno, generalmente, se presenta un periodo de vértigo, nerviosismo, sudoración y, en casos extremos, nauseas y diarrea.
Sin embargo, el punto de vista de las personas que la consumen, ya sea junto con chamanes o independientemente de los rituales, la ayahuasca produce una vivencia espiritual. Esta bebida es una medicina que permite visualizar todos los problemas que cada persona tiene para luego encontrar soluciones. Es una experiencia mística a través de la cual es posible influir en “la esencia misma de nuestra más íntima personalidad, perfeccionándola a favor”. Con su ayuda también se puede curar las enfermedades físicas.
La ayahuasca no produce adicción y tampoco se han reportado muertes por intoxicación entre las culturas amazónicas y andinas. Su cultivo, comercialización y consumo no están penalizados por la ley. Aunque la bebida en sí, además de la liana de la ayahuasca, contiene una sustancia prohibida llamada DMT, en Ecuador, Perú, Colombia y Brasil es legal y puede ser transportada sin problemas.
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