En el prólogo del libro Entrevista con la Historia, la periodista italiana Oriana Fallaci dice: “Yo no me siento, ni lograré jamás sentirme, un frío registrador de lo que escucho y veo”. Este libro recoge 26 entrevistas -realizadas en un espacio de siete años- para su periódico “L’Europeo” con las que no pretende mostrar una visión política o apolítica, sino conocer a los personajes de la historia contemporánea tal y como son, sin prometer más de lo que pueden. Entre ellos están Indira Gandhi, Golda Meir, Yasserv Arafat, George Habash, Hussein de Jordania, Pietro Nenni, Santiago Carrillo y Mario Soares. La entrevista que será comentada a continuación no se limita a documentar un encuentro, porque si bien este género funciona como testimonio, Fallaci intentará reconstruir un hecho histórico a través de un personaje.
Willy Brandt fue el nombre de guerra que asumió Herbert Karl Frahm tras ser víctima de la persecución política del régimen de la Alemania Nazi. Nació en Lübeck el 18 de diciembre de 1914 y murió en Unker el 8 de octubre de 1992. Fue un político socialdemócrata alemán, miembro de Juventudes Socialistas y, desde 1930, militó en el ala izquierda de esta organización. Al ser expulsado del Partido Socialdemócrata de Alemania, en 1931, pasó a formar parte del Partido Socialista de los Trabajadores. Fue representante de este Partido en la Guerra Civil Española.
Cuando los nazis llegaron al poder en Alemania, Brandt se refugió en Noruega, donde se nacionalizó y trabajó como periodista. Durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a Suecia, y al término del conflicto regresó a Alemania, recuperó la nacionalidad alemana e ingresó en el SPD. Cuando se estableció en el Berlín Occidental fue alcalde de la ciudad desde 1957, por lo que tuvo que enfrentar la crisis que supuso la construcción del Muro en 1961. También fue presidente del SPD a partir de 1964; evolucionó hacia posturas más centristas y en 1966 fue Vicecanciller y Ministro de Asuntos Exteriores, en el Gabinete de la Gran Coalición. En 1971 recibió el Premio Nobel de la Paz.
Oriana Fallaci entrevistó a Willy Brandt, en compañía de su consejero y el director de su oficina de prensa, en Bonn-Alemania, en el despacho del Bundeskanzleramt en dos sesiones: el martes 28 de agosto y el lunes 3 de septiembre de 1973. Lo define como “el único gran personaje de Europa occidental después de la guerra”, porque nos dirigió hacia una nueva Alemania, una Alemania que ya no inspiraba miedo ni odio. Fallaci dice que el mayor mérito de Brandt fue “habernos hecho comprender que la palabra alemán no significa Hitler”. Willy Brandt luchó contra Hitler desde los 14 años, “con la palabra y con los puños”; escribió mucho en contra de los nazis y huyó de ellos refugiándose en Escandinavia. El criticado socialismo de Brandt le sirvió a muchos trabajadores alemanes más que cualquier otra utopía y sin cancelar la libertad.
Fallaci presenta al entrevistado como un hombre que se hizo periodista, escritor, alcalde de Berlín, canciller de la Alemania Federal, pero que siempre tuvo una postura definida. Lamenta no haber podido hablar con él a solas; dice haber logrado un retrato a pesar de que él abría las puertas de par en par al interrogatorio político, pero cuando ella buscaba al hombre las cerraba.
La entrevista empieza con lo más elemental sobre una persona: la historia de su nombre. Puede parecer simple pero esta adopción de un seudónimo político, fue un rasgo primordial en la vida del canciller alemán. Él responde que el nombre de Willy Brandt lo usó desde 1933 (cuando tenía 19 años), antes de dejar Alemania y después de que los nazis subieran al poder. Este “nom de guerre” lo eligió para dedicarse a la actividad clandestina contra Hitler. El cambio de nombre significó lo mismo que el cambio de patria; y de esto trata la siguiente pregunta, que se encamina estrictamente a los ideales políticos del personaje. Brandt nació en Lübeck pero se fue a Noruega; Fallaci dice que escribía mejor en noruego que en alemán, de hecho, absorbió fácilmente la lengua y la cultura; su casa y sus mejores amigos están en ese país, y no fue hasta 1946 que recuperó la ciudadanía alemana.
Las siguientes dos preguntas se enfocan en el sentimiento que el Canciller desarrolló por Noruega y lo duro que fue regresar a su madre patria como un periodista; Brandt dice que volvió a Berlín por la sencilla razón de que Berlín era interesante, el centro de controversia entre Oeste y Este. En ese tiempo, era una ciudad en ruinas, donde la gente moría de hambre y se veía miseria por todo lado.
El retrato que promete Oriana Fallaci en la introducción de la entrevista no se construye con preguntas estrictamente políticas (al menos al principio), más bien le pregunta sobre la identidad de nombre y de patria: “¿Qué entiende usted por identificación?, ¿lo que llamamos patria?” Brandt responde: “No. No fue la patria lo que me atrajo, fue el caso de un pueblo que después de haber pasado a través de la dictadura, intentaba reconstruirse una vida basada en la libertad”. En las siguientes respuestas, se encuentran declaraciones sobre el ascenso de Hitler al poder: “Hay que preguntarse ¿por qué tomó el poder? Y hay que contestarse: no sólo porque hubo millones que fueron lo bastante estúpidos para seguirle sino porque otros fueron lo bastante estúpidos para no detenerlo. Yo también pertenezco al grupo que no fue capaz de pararlo”.
Las preguntas posteriores no sólo se concentran en Alemania, sino que se abren a toda Europa: “¿No se le ha ocurrido nunca que Europa sea una utopía?”. En una extensa respuesta, Brandt dice que Europa se está construyendo y que crear Europa significa mantener los valores de las identidades nacionales y colocar encima la estructura de un gobierno europeo. El clímax de la entrevista llega con una pregunta donde la periodista pide volver a retomar el tema de Willy Brandt, la persona, y dice: “No puedo dejar de pensar en usted como periodista. ¿Qué era el periodismo para usted? ”. Evidentemente esta pregunta se centraliza en la segunda actividad por la que el mundo reconoció a Brandt: “Para mí el periodismo era simplemente un medio de ganarme la vida. Siempre me resultó fácil escribir, empecé a hacerlo cuando iba a la escuela”. Fallaci pide una aclaración: “Por tanto la meta final era la política, no el periodismo”. Y Brandt aclara: “Digamos el periodismo político más que la política”.
Desde esta pregunta la entrevista regresa al tema de Europa, pero Fallaci hace referencia a una entrevista que realizó a Golda Meir (política, diplomática, estadista y cuarta primer ministro de Israel). La parte final de la entrevista cuenta con preguntas en las que se retoma el tema de Willy Brandt como personaje; le pregunta sobre el Nobel, si lloró cuando lo recibió, si es religioso, etc. Ella cierra la conversación diciendo que nunca ha entrevistado a alguien tan cerrado porque con él se puede hablar de todo menos de él mismo. Fallaci se despide diciéndole: “No le diré skol, canciller Bradt. Pero ¿puedo decirle hasta la vista y gracias?”.
Fallaci reconstruye dos hechos históricos: el nacismo y el nacimiento de la Alemania Federal a través del pensamiento de Brandt; con preguntas que buscan el sentimiento detrás del personaje; la política surge como el fondo de la conversación. Las entrevistas que forman este libro buscan la reflexión sobre quiénes hacen la historia y el imaginario de cada ciudad. Willy Brandt es un personaje fundamental en la cultura alemana y, como dice Fallaci: “Es por él que hoy no asociamos a Alemania ni al alemán con Hitler”.







Excelente reportaje. Felicidades! Oriana Fallaci es uno de los íconos más destacados del peridismo. Su libro “Entrevista con la historia” constituye información muy valiosa para el estudio a profundidad de los hechos históricos que sucedían entorno a la época. Sin duda, resulta muy útil conocer a los representantes políticos, no solo por el contenido de su discurso, sino también por su manera de expresar el mismo. Fallaci captura la escena con mucha naturalidad.