Pensar en París es recordar a Picasso, Monet, Stravinski, Víctor Hugo y al resto de pintores y escritores que vivieron en esta ciudad, pero también es casi imposible olvidar a Coco Chanel, Dior, Louis Vuitton y la famosa canción Non Je Ne Regrette Rien de Edith Piaf. ¿Quién no piensa en Paul Celan cuando mira el Sena por primera vez? o ¿quién no se imagina a Hemingway tomándose un café en la Rue Notre Dame- des Champs mientras escribe A moveable feast? Revivir la Belle Epoque implica tener muchos euros a la mano, zapatos cómodos, cámara de fotos y mucha ambición. Como decía el poeta Jean Cocteau “en París todo el mundo quiere ser actor; nadie se contenta con ser espectador”.
Es la última semana de Mayo, plena primavera europea, los días y los horarios de los museos se alargan; los rayos de sol aún son tiernos pero los parisinos empiezan a descubrirse los hombros y salen a los cafés para mirar el cielo. Aunque muchos creen estar ya en verano, la temperatura no supera los 17 °C. Es la luz de primavera que hace de la vieja Europa algo tan nuevo. El gran París está dividido en 20 arrondissements (distritos) dispuestos desde el centro en espiral, en sentido opuesto al de las agujas del reloj. Cada distrito tiene algo característico y como intentaré describir a continuación, la ciudad encarna la verdadera magia del viejo mundo.
París es una ciudad amigable, se la camina muy bien; a pesar de que cuenta con un servicio de transporte público muy eficiente, cada esquina está perfectamente señalada y algo muy atractivo, son los pupos para los no videntes que pisamos en absolutamente todos los cruces peatonales; así mismo, en cualquier zona pública hay un espacio para los coches de bebés, sillas de ruedas, etc. Quiero decir que la ciudad fue construida pensando en todos sus habitantes y en lo que estos necesitan para trasladarse; y no es raro ver unos cuantos que usan patines, scooters, y por supuesto, bicicletas.
París es la quinta ciudad más poblada de Europa: 2,203,817 y sobra decir que ha inspirado a muchos extranjeros. No fue en vano que Charles Dickens la compare con Londres en Historia de dos ciudades (1859). Muchos intelectuales encontraron asilo político en Francia y escribieron sus mejores libros en la Ciudad de la luz. Pero hoy París es multicultural: el grupo étnico más numeroso está constituido por los argelinos (50.000), el segundo es portugués (42.500), le sigue el marroquí (28.650) y el tunecino (24.500). Los inmigrantes de Túnez, Argelia y Marruecos, colonias francesas hasta hace 60 años, se han establecido en los distritos de Belleville 19 y 20, y en La Goutte d’ Or, en el 18. La mayoría de los africanos negros son de Senegal, Costa de Marfil, Malí, Camerún y Togo; es común verlos en lugares claves como Torre Eiffel o Montmartre, vendiendo artesanías y tocando su música. La población china también es fuerte: muchas maquilas están en la zona 3 y 4; y el último grupo numeroso son los judíos, quienes viven y trabajan en París desde la Edad Media.
Por mala suerte, hemos reducido la comida francesa al croissant y al queso roquefort, de hecho los parisinos, en otros tiempos, se sentían satisfechos con la cocina francesa, pero hoy cenan especialidades de Vietnam, Etiopía y Brasil. Un menú oscila entre los 8 y 12 euros pero si la idea es disfrutar más de la ciudad, lo mejor es comprar en el supermercado para hacer un picnic en Las Tullerías, Los Jardines de Luxemburgo o los pies de la Torre Eiffel. Y para el postre, no hay mejor cosa que sentarse en una boulagerie (pastelería) y pedir una crepe o un profiterol.
La oferta cultural de esta capital europea es enorme; hablamos de un promedio de 50 estrenos cinematográficos, 100 obras de teatro y de la muerte de 50 grupos de jazz semanales. Pero el principal atractivo, que hoy es un ícono de la cultura occidental, es el Museo de Louvre. No es necesario ingresar para admirar su majestuosidad: el palacio (hoy es el resultado de cinco siglos de gobiernos franceses) fue construido a mediados del s.XIII por Felipe Augusto, mide unos 700 m (visto desde el Sena) y fue combinado con dos pirámides del arquitecto chino IM Pei. El contraste es descomunal, lo suficiente como para no dejar de hacer fotos durante la fila. Los parisinos aseguran que se necesita una semana para ver todo el museo, sin embargo, desperdiciar una semana en el lugar más aburrido y lleno de París, puede ser letal. Basta comprar la entrada de 10 euros que cubre la exposición temporal para saber que estás en el peor museo de Europa. Muchos libros ofrecen programas para ver el Louvre en 3, 4 ó 5 horas, para ventaja del viajero, existen planos del museo y audio guías en todos los idiomas, así que es indispensable elegir las salas antes de empezar el recorrido. Digo el peor museo de Europa porque en todas las épocas del año está repleto, como si fuera un mall en descuentos, y los japoneses llegan en grupos de 50 ó 100 y ver la Mona Lisa es casi imposible. Claro, también está el Museo de Orsay donde descansa una de las mejores colecciones impresionistas del mundo, el Centro George Pompidou que alberga al Museo Nacional de Historia Moderna, al Centro de Investigación Musical y Acústica y a una biblioteca. En fin, la lista de museos es infinita.
Lo bueno del Louvre es que nos arroja a la Plaza de la Concordia, donde fue guillotinado Luis XVI. La Concorde es el preámbulo para ver la verdadera sofisticación francesa junta: La Ave des Champs-Élysées. Como la 5ta Avenida de Nueva York o el Paseo de Gracia de Barcelona; los Campos Elíseos reúne las mejores tienda y construcciones, un sin número de lugares para comer y los autos más costosos de la historia. La tienda más concurrida es la Maison de Louis Vuitton: un edificio esquinero donde se puede encontrar a Angelina Jolie o Lady Gaga haciendo compras. Caminar por los Campos Elíseos es un desfile de mujeres que parecen saltar de las vitrinas de los Christians (Dior, Louboutin, Lacroix) para llegar al Arco del Triunfo.
Para el segundo o tercer día en París, es necesario ir a un lugar donde se pueda ver toda la ciudad: Montmartre. Una zona privilegiada; hogar de toda la bohemia parisina del s.XIX, el barrio de los pintores, las pipas y las boinas. El mismo Pablo Picasso vivió allí durante su “periodo azul”. Es una colina situada a la orilla derecha del Sena; la Basílica del Sacré Coeur es el principal atractivo. Para subir a la cúpula blanca, hay que caminar por estrechas calles, llenos de souvenirs, aunque el funicular es otra buena opción.
Montmartre también atrae a muchos turistas por la tumba del escritor Alexandre Dumas, pero si tumbas de famosos se trata, el mejor lugar es Pere Lachaise: el cementerio más visitado del mundo, cuyo nombre le debe al consejero de Luis XIV. Cimitière du Père Lachaise fue inaugurado en 1804, actualmente tiene más 70.000 tumbas, algunas más decoradas que otras, amplios jardines con esculturas al aire libre. La entrada es gratuita, pero se debe pedir un mapa porque el cementerio es laberíntico. Chopin, Jim Morrison, Edith Piaf, Marcel Proust, Balzac, Delacroix, Apollinaire, son algunas celebridades que están enterradas allí. La tumba del maestro Oscar Wilde es una de las más visitadas; sus fans le dejan flores, poemas, vino, incluso zapatos, y han escrito sobre la lápida sus versos favoritos.
En 1939, cuando André Breton invitó a Frida Kahlo para que expusiera sus cuadros en París, ella le escribió a Diego Rivera:
No te imaginas lo perra que es esta gente. Me da asco. Es tan intelectual y corrompida que ya no la soporto. De veras es demasiado para mi carácter. Preferiría sentarme a vender tortillas en el suelo del mercado de Toluca, en lugar de asociarme a estos despreciables “artistas” parisienses, que pasan horas calentándose los valiosos traseros en los cafés. Se creen los dioses del mundo.
Pero 10 años después Hemingway le escribió a un amigo: Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas a donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue.
Yo no sé cuántos días sean suficientes para ver París, pero sé que no es necesario saber francés para hallar el valor de esta ciudad. Si hay amigos el viaje será más rico. Tampoco creo que hay que cruzar el Atlántico para conocer París, porque París vive en muchos poemas y novelas.Y lo que es cierto es que sigue siendo la ciudad más fotografiada y filmada del mundo, la capital de la moda y el arte, uno de los centros económicos más poderosos y la cuarta ciudad más cara de Europa.





