Viviendo la actuación: el joven Jodorowsky

Psicochamán antes que nada. Así prefiere describirse Alejandro Jodorwosky, uno de los fundadores del Movimiento Pánico, junto con Fernando Arrabal y Roland Topor. Era 1962 cuando, aludiendo al dios Pan, crearon el Movimiento Pánico, y definieron sus tres elementos básicos: terror, humor y simultaneidad.
“La fascinación por el teatro entró en mi alma gracias a tres acontecimientos que marcaron profundamente mi alma infantil: participé en el entierro de un bombero, vi un ataque epiléptico y escuché cantar al príncipe chino” (A. Jodorowsky en”La danza de la realidad“, Siruela, 2001).

El aporte cinematográfico del movimiento pánico lo da Fernando Arrabal. Fue actor, interpretando a Renfield, en Nosferatu de Werner Herzog; guionista, de Fando y Lis; director  (The emperor of Per, 1982, y Viva la Muerte, 1971). Sus trabajos son prototipo del anarco-surrealismo intelectual que practicaba.

Originado en Chile, el Teatro Pánico surgió entre los 40 y principios de los 50, impulsado por otros jóvenes creadores como José Donoso, Arturo Ripstein, Jorge Edwards y Enrique Lihn. (En la primera reunión pánica estuvieron presentes Alejandro Jodorowsky, Jacques Sternberg, Fedorov, Fernando Arrabal, Topor, Lis y Toyen).

Jodorowsky se dedicó a hacer revolucionarios “actos poéticos” con sus compañeros de la Generación del 50: “Nosotros con el flaco Lihn, que ahora es gordo, hacíamos funciones de marionetas. Una vez hicimos una obra de Valle Inclán y con lo que nos pagaron arrendábamos una victoria (carruaje) y nos fuimos corriendo detrás. Cuando nos topábamos con una fuente la atravesábamos por la mitad y seguíamos corriendo detrás de la victoria. Hacer una cosa así ahora quizá nos costaría estatuas con discursos. Entonces queríamos reírnos de la filosofía francesa, tan seria, aunque ahora, tal como está el mundo, deberíamos reírnos de la filosofía mundial, que no ha servido de nada”,  sostiene Jodorowsky.
Equivalente a pluralidad-ubicuidad, el Movimiento Pánico es la búsqueda por trascender la sociedad aristotélica y dejar un legado que impulse la humanidad hacia una nueva perspectiva.
“El pánico es la crítica de la razón pura, es la pandilla sin leyes y sin mando, es la explosión de ‘pan’ (todo), es el respeto irrespetuoso al dios Pan, es el himno al talento… loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la ‘seriedad’, es el canto a la falta de ambigüedad… Es el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar), es el principio de indeterminación con la memoria de por medio… Y todo lo contrario”, explica Fernando Arrabal, Premio Nacional de Teatro 2001.
Jodorowsky creó mimos y obras de teatro experimental en la universidad, pero no se sentía a gusto con las posibilidades de enseñanza chilenas. En 1953 se marchó a México a aprender alquimia y tarot. Cuando llegó a Francia, llevaba encima varios guiones de cómics (“Aníbal 5″ o “Fábulas pánicas”). En 1975 conoció a Jean Giraud (el autor de “El garaje hermético”, guionista de “Les maîtres du temps”, diseñador en Hollywood de “Alien”, “Willow“, ”The abyss“, y del vestuario de ”Blade Runner“). Jean Giraud y Jodorwsky construyen El Incal, serie que mezcla oníricamente la novela negra con la metafísica. Tiempo después, propondrían su inconclusa adaptación de ”Dune” (Frank Herbert).

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En su carrera fílmica, Jodorowsky debutó como director adaptando el cuento corto “Las cabezas trocadas” de Thomas Mann. Este cortometraje es fundamental para comprender el estilo de Jodorowsky.  En el cuento, dos jóvenes hindúes intercambian sus cabezas porque una chica está enamorada del cuerpo de uno y de la mente del otro. En el cortometraje, La Cravate, un joven –Alejandro J.- está enamorado de una señorita burguesa que lo rechaza constantemente, pese a que cambia su cabeza una y otra vez. No obstante, logra conocer a una joven, que sí lo amará con su cabeza original.

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Sobre el autor

Sebastián Galarza. Comunicador, escritor, creativo con fundamentos de literatura y cine clásicos.