Diseccionando el cine “slasher”

Es cerca de la medianoche, una rubia guapísima está sola en su casa y ni un solo ruido disturba la calma. La joven se acerca muy ingenuamente a la sala, enciende la luz y no encuentra nada , pero algo la angustia (ya sea la oscura soledad o la música tensionante del fondo). De pronto, una tormenta se desata. Sale de la habitación y en medio del pasillo, iluminado momentáneamente por un relámpago ve la figura de un hombre enmascarado. Suelta un grito de espanto y de agonía al sentir el cuchillo desgarrando su vientre, después no siente nada más. La lluvia continúa, el público deja de gritar y sigue comiendo en la sala de cine.

Hablar de la saga de Viernes 13, o de las numerosas y tenebrosas, pesadillas de Freddy Krueger es algo que evoca recuerdos alocados de la juventud – en especial si llegaste al mundo en esa nave que llamamos los “años ochenta” -. Si fue así, estuviste en el punto medio de un fenómeno cinematográfico que tiene más de tres décadas de vida. El slasher, es un subgénero del cine de terror, cuyo origen se remonta hasta mediados de los años setenta, donde se vio nacer al espeluznante asesino “Leather Face” en Texas Chainsaw Massacre, aunque la época dorada se consagraría en los años ochenta.

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Aunque si pensamos en el génesis de este género, es necesario remontarse a Peeping Tom (1960) de Michael Powell, sobre un asesino de mujeres que las persigue con una cámara para grabar sus expresiones de dolor; o el mismo Psicosis de Alfred Hitchcock, con su enigmático Norman Bates, la tensionante banda sonora y la famosa secuencia de la ducha.

Las tramas en eran bastante sencillas; un grupo de adolescentes perturbados, experimentando con drogas y sexo prematuro, caen en un escenario apartado de cualquier ayuda o supervisión adulta, donde pueden desatar sus instintos, lo que no saben es que están en la mira de un furioso asesino psicótico, que los va eliminando sistemática y brutalmente uno por uno. Los bajos presupuestos, los elencos sin renombre, y los efectos especiales escasos, o de baja calidad, se convirtieron, paradójicamente, en una fortaleza para este género, una herramienta para generar potentes mezclas entre sexo adolescente y violencia psicótica. Los asesinos, usualmente con poderes sobrenaturales, llegaron a convertirse en símbolos culturales, de modo que hacia los años ochenta Freddy Kruger, Michael Myers y Jason Voorhies reemplazaron el lugar del lobo feroz y la malvada bruja en las pesadillas de millones de jóvenes.

Y es que los filmes jugaban psicológicamente con el espectador adolescente. Dejemos la seriedad un tanto de lado, pensemos por un momento en los fines de semana sin protección paternal, cuando tus padres van a algún evento y te quedes solo con la casa, oportunidad perfecta para ver las películas de terror que ellos no te dejan; y cuando empieza el filme, lo que encuentras es un grupo de mozalbetes y niñas provocativas, aislados de sus padres, jugueteando con lo que les prohíben hacer en casa (que es lo que estás haciendo tú con la película) y de repente un monstruo desquiciado los empieza a asesinar, en un escenario así hasta los ladridos de tu perro te pueden reventar del miedo.

Sin embargo los tiempos cambian, y los filmes que aterrorizaron oleadas juveniles en su tiempo, empezaron decaer, la gente los encontraba aburridos, burdos, incorrectos y demasiado comerciales. La evolución de los efectos especiales y las nuevas superproducciones marginaron al slasher durante la primera mitad de los años noventa, Hasta que Scream – en 1996 – inauguró la segunda generación de películas slasher; con de nuevas sagas como: Valentine, Final Destination y I Know what you did last Summer. Los conceptos trataron de reiventarse y buscar más originalidad y profundidad en los personajes (haciendo de la “muerte” una asesina invisible o villanos que buscan la venganza no el asesinato por el placer de la sangre), pero la fórmula siguió siendo la misma: la rubia muere primero y gritando hasta quedar sin aire (pobre Paris Hilton, condenada en la Casa de Cera). Entonces, vinieron varios remakes como Jason X, y la fusión entre los grandes: Jason vs Freddy y el casi igual de original, Alien vs. Depredador.

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El Slasher se ha difundido – en ocasiones – como uno de los géneros favoritos de fanáticos y nuevos realizadores. suelen ser relativamente sencillas de producir y dirigir. En países como Italia, el cine slasher es un sub género entero llamado “giallo”, con directores como Darío Argento (quien es un referente en el género).

Similar a Batman (adaptado por Christopher Nolan para vivir en el siglo XXI), hoy el Slasher ha ganado fuerza con varios remakes de los más conocidos personajes. Así, Halloween fue resucitada por Rob Zombie, quien además de ser un ídolo del Heavy Metal, muestra un Michael Myers más humano, fundamentando su instinto asesino en los traumas de su infancia; o un Freddy Kruger  resucitado por el actor Jackie Haley, que ahora se convierte en un asesino pedófilo, y los adolescentes son muchachos del nuevo milenio, que echan mano hasta del internet buscando soluciones a su problema. Así el cine Slasher va creciendo al ritmo de su entorno y gustando a nuevas audiencias, similar a un adolescente que nació adelantado a su época.

 

 

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Sobre el autor

Javier Vásconez, redactor.