
La larga espera por la segunda parte de la saga de la escritora norteamericana Stephanie Meyer ha terminado. La película Luna Nueva (New Moon) se estrenó en las carteleras de todo el globo siguiendo la línea comercial de Harry Potter, Narnia y El señor de los anillos de adaptar al cine libros exitosos en ventas. Esta vez los guiones son adaptaciones de las obras de Meyer: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse, Amanecer y Sol de medianoche. El estreno hizo mucha bulla, tanta que la demanda tomó forma en largas filas en los cines. El cuadro resulta curioso pues, en un principio, la primera parte fue vista por casualidad, por unos cuantos que ahora se llaman a sí mismos “fanáticos”.
El guión tiene un buen enganche inicial, una prolepsis inquietante; para después ser contada linealmente –a excepción de unos cuantos flashbacks, bien dispuestos–, lo que permite una fácil asimilación del filme.
La base del guión es el antagonismo entre los protagonistas Edward Cullen (Robert Pattinson), un pálido “joven” vampiro algo sofisticado, y Jacob Black (Taylor Lautner), un cálido y flácido adolescente licántropo (hombre lobo) que se transforma en un tipo atlético. Aquello que tienen en común es el interés de proteger a la protagonista, Bella Swan (Kristen Stewart), quien es una adolescente en estado catatónico, deprimida y con tendencias suicidas, que busca el peligro para revivir la imagen de su amado. Se podría decir que encara los problemas amorosos que tiene cualquier adolescente, claro, agregándoles un poco de ficción y acción.
La historia cautiva al público adolescente por el tema del amor imposible, el cual ha sido tratado con clara conciencia, con referencias a Romeo y Julieta (alusión que se evidencia en una de las escenas iniciales), y sin ser del todo cursi, con un poco de humor negro en ciertas escenas.
Para quienes gustaron de Crepúsculo, la primera parte de la saga, ésta será una experiencia aún más satisfactoria: mejores efectos especiales, acompañamiento musical que agregan una dosis extra de emotividad a las escenas y una trama cargada de romanticismo. Tal parece que ahí se nota la mano de la dirección que esta vez estuvo a cargo de Chris Weitz, y ya no de Catherine Hardwicke, quien estuvo al frente de la primera película.

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