El cineasta quiteño Sebastián Cordero nos habla acerca de sus influencias más grandes en el cine, desde Steven Spielberg hasta Paul Thomas Anderson. Nos cuenta su experiencia como cineasta en sus dos grandes largometrajes. Próximamente se estrenará en Quito su nueva produción Rabia y su nueva película El Pescador, la cual está en producción. Conozcamos más acerca de este importante cineasta, sus influencias y su forma de hacer y contar historias.
¿En qué momento te diste cuenta de que querías ser cineasta?
Desde bastante pelado empecé a darme cuenta de lo que era el cine, primero a través de películas muy comerciales, como las de Indiana Jones, de Steven Spielberg, y luego con La Guerra de las Galaxias. Todas estas fueron las que más sonaron cuando era niño. Poco a poco descubrí distintos tipos de cines, otros más interesantes.
¿Por qué razón decidiste estudiar cine en el exterior, en la University of Southern California?
Yo viví varios años en Francia con mi familia. Cuando regresé al Ecuador tenía 15 años y aquí no me hallaba mucho. En ese momento me entró la idea de estudiar la universidad en otro lugar. Los Ángeles surgió porque la mata del cine estaba ahí. Me pareció que ir allá iba a ser una muy buena opción para aprender el oficio. Antes de estudiar, sentía que las historias que quería contar ya las llevaba dentro; pero la manera de contarlas, eso sí tenía que aprenderlo en algún lugar.
Una vez graduado, ¿te fue difícil empezar a hacer cine en Ecuador? Cuéntame cómo empezaste y después, cómo lograste financiar tu primer largometraje.
Al terminar de estudiar la universidad, estuve yendo y viniendo entre Quito y Los Ángeles, pues tenía un proyecto allá que finalmente nunca se dio. Cuando finalmente regresé al Ecuador, tenía claro que mi meta era hacer un largometraje de ficción, dentro de la línea de lo que estaba sucediendo en ese momento en Estados Unidos. Se había dado el fenómeno de Tarantino, Robert Rodríguez, los Hermanos Coen y otra serie de nuevos cineastas que estaban pegando fuerte al margen del sistema de los estudios. A mí me parecía que ese ejemplo se podía aplicar aún con más fuerza aquí, pero con una onda más específica al lugar.
Sobre el financiamiento, se armó un proyecto lo más pequeño posible, pero manteniendo la calidad que se necesitaba. Todo el mundo trabajó mucho para sacar adelante la película, que se financió golpeando todas las puertas posibles. Empezamos por los ahorros propios, de amigos, familia, conocidos y empresas donde veíamos que podía haber algún apoyo. Básicamente como una mezcla entre “acolites” y la inversión de gente conocida que le pedimos que ponga algo, confiando en la posibilidad de que igual una película si podía ser algo que si recupere sus costos, que sí haga dinero, etc.
¿En qué te inspiras para escribir tus guiones? ¿Qué es lo que quieres transmitir al público con tus historias?
Siempre transmites cosas inconscientemente. El proceso de escritura es un proceso que, quieras o no, es casi una terapia interna. Es como sacar los monstruos y los rollos que uno tiene dentro. También me pongo en el puesto del espectador o pienso en qué película quisiera ver en el cine y qué me parecería chévere. Parte de la motivación para hacer películas es crear una película que te enganche y que te involucre en la historia, al igual que lo hace cualquier película del exterior, pero en lugares más cercanos o conocidos.
¿Cuáles son las películas o directores que te han influenciado? ¿De qué manera éstas se reflejan en tu obra?
Existen muchísimas. Desde niño me gustaban directores como Steven Spielberg, George Lucas y John Carpenter. Luego: Fellini, Buñuel, Bergman y toda la onda de los cineastas independientes en Estados Unidos. Cuando estaba estudiando cine, me influyeron los Hermanos Coen, Todd Solondz, y Paul Thomas Anderson.
Hay películas que fueron claves para mí. Por ejemplo, para hacer Ratas me inspiró claramente Los Olvidados de Buñuel y Laws of Gravity de un director de Estados Unidos que se llama Nick Gómez. Crónicas, en cambio, está influida muy fuertemente por el cine de los años 70 de Estados Unidos, como Dog Day Afternoon de Sidney Lumet, por películas de los inicios de Scorsese y Coppola, con personajes muy cuestionables. En Rabia hay una influencia del el cine de Polanski. Cada película genera su propio lenguaje, entonces cada una es realmente una mezcla. Crecí viendo mucho cine, me encanta; todo lo que veo lo absorbo como una esponja y luego lo boto, pero trato también de que la obra salga de sí misma.
¿Dentro de qué género cinematográfico catalogas a tus películas?
Personalmente se me hace difícil catalogar y catalogarme. En una entrevista, un periodista me habló de un género al que lo llaman realismo sucio, que es como un tipo de neorrealismo ya más contemporáneo que agarró mucha fuerza en Latinoamérica a raíz de películas como Amores Perros. Tal vez por ahí van mis películas. Siempre tienen un contenido social, pero que va a la par con la historia que se está contando. Prefiero que más bien otra gente me catalogue; a mí se me hace difícil porque más bien me dan ganas de salirme de categorías.
Hablando de Ratas, ratones, rateros, ¿no te parece que los personajes caen en los estereotipos? Es decir, el típico mono ladrón, los aniñados, el pobre resentido social…
Creo que hay una diferencia entre un estereotipo y un icono. El estereotipo cae sólo en ciertas facetas, pero el personaje se mantiene de dos dimensiones. No va más allá, y lo que yo trato de hacer, a veces con éxito, a veces sin él, es que los personajes sean tridimensionales, que tengan su profundidad y su complejidad, que no se queden sólo en el estereotipo. La primera visión de ellos puede caer en el estereotipo, pero el rato que los conoces un poco más te des cuenta de que el estereotipo como tal no existe del todo, aunque si puede existir un icono del guayaquileño de una clase social determinada, o del quiteño de otra clase social. Hay elementos que pueden haberse vuelto iconos en nuestra sociedad. Pero en parte de mi cine, tanto en Ratas como en Crónicas, había la intención de mostrar que vivimos en un mundo donde es muy fácil catalogar y las cosas no son blanco y negro, sino que hay una gama de grises que le dan complejidad y humanidad a un personaje; si logras mostrar eso, pues para mí logras salir de un estereotipo. A veces ha funcionado, a veces no. Yo siento que en Ratas hay personajes que si lograron salir de su estereotipo y otros que se quedaron en eso, desgraciadamente.
¿En Crónicas intentaste plantear una crítica personal a los medios de comunicación y a la forma en que se hacen las noticias?
Más que una crítica, es una observación acerca de cómo se cuentan las historias, del valor del espectáculo en nuestra sociedad con los pros y contras, y de la responsabilidad del contador de historias. El rato que cuentas una historia, intervienes en ella, la modificas y a veces no eres fiel a la misma, o a veces en el proceso de intentar ser fiel te puedes perder o puedes irte por otro lado. Traté de trasladar esa noción a la historia de un periodista que está tratando de ser fiel a la historia que cuenta. Es tal vez una crítica a la sociedad, una crítica tal vez a la falta de valores que nos rodea. Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad encima y la película justamente habla de lo que pasa cuando se transgreden ciertos límites. Pero, al mismo tiempo, creo que va más allá de eso, no se queda sólo en el tema de los medios de comunicación.
¿Sientes que de alguna manera lo que vemos en el cine y la televisión repercute en como percibimos nuestro entorno? ¿El que se muestre constantemente que vivimos en un país con robos y asesinatos hace que nos sintamos cada vez más inseguros y que reneguemos de nuestra situación?
Puede ser, sí. Creo que de alguna forma, igual que cuando lees un libro, si te identificas con algo, eso repercute en tu vida. Si es que hay una obra potente, con fuerza, yo espero que influya en nuestra percepción del mundo alrededor. No creo que una película cambie el mundo, pero sí creo que puede afectar en la forma en que vemos las cosas. Creo que el espectador va un paso más allá, y a veces el mostrar un problema es el primer paso para empezar a buscar qué se puede hacer para solucionar ese problema. Hay una gran responsabilidad de parte del cineasta, pero también una gran responsabilidad de parte del espectador.
El mayor limitante para hacer cine en el país es la falta de apoyo económico. ¿Qué crees que le hace falta a Ecuador para que los cineastas tengan mayores oportunidades para filmar sus historias?
Pues sí, creo que el apoyo económico es importante. En este momento está empezando a existir más apoyo estatal, con el Consejo Nacional de Cine. Se necesita también crear más conciencia en el público sobre la importancia de tener un cine propio, un cine con una identidad propia. Pero creo que lo más importante está en las manos de los mismos cineastas: el empujarse más lejos, el no aceptar un no, el seguir aspirando con metas de nivel internacional, global. No sólo conformarse con algo, con un pequeño logro local, sino ir mucho más lejos y ponerse básicamente a competir con el mundo.








Excelente post! Me encanta el realismo sucio de Sebastián Cordero. Ya quiero ver Rabia.