En una sociedad fundamentalmente religiosa, en la que las tradiciones están muy arraigadas en la mentalidad del pueblo, los cambios no llegan fácilmente. Una relación amorosa entre dos hombres no es sólo censurada sino que es reprochable, por lo que muy pocas películas en América Latina se han atrevido a abordar esta temática. Contracorriente, del director peruano Javier Fuentes-León, presenta las dificultades de una relación homosexual con gran honestidad y sensibilidad.
Miguel (Cristian Mercado) es un pescador de un pequeño pueblo costero de Perú, donde existen unas tradiciones muy arraigadas respecto a la muerte. Es un hombre respetado por la gente, casado y a la espera de su primer hijo, pero mantiene una relación secreta con Santiago (Manolo Cardona), un joven pintor al que la comunidad rechaza por ser agnóstico y abiertamente homosexual. Un día, Santiago se ahoga y su alma regresa donde su amante para pedirle que encuentre su cuerpo y lo entierre de acuerdo a los rituales de su pueblo, pues es la única manera que podrá descansar en paz. Pero el hacerlo implica revelar su secreto y arriesgarse a perder su matrimonio.
La cinta es un enfoque innovador a la temática GLBT (Gays, lesbianas, bisexuales y transexuales) en América Latina porque se aleja de los estereotipos habituales y explora las dificultades a las que están sometidas este tipo de relaciones en nuestras sociedades, donde son vistas casi como fantasmas inexistentes. En ese sentido, el relato muestra una bella metáfora sobre el amor, los sentimientos escondidos y las consecuencias de “salir del armario”, un tabú que se muestra de forma cada vez más evidente y desafía al machismo tradicional.
La película cuenta con un elenco que demuestra un enorme talento. Al colombiano Manolo Cardona, conocido por cintas como Rosario Tijeras y telenovelas como El Cartel, se le unen el boliviano Cristian Mercado y la peruana Tatiana Astengo, quienes encarnan a una perfecta pareja destrozada por los secretos. El papel de los protagonistas es sencillamente conmovedor y convincente. A esto se le conjuga una excelente dirección de fotografía, que presenta unos paisajes maravillosos, con unos detalles visualmente innovadores y una estética en que la miseria forma parte del pintoresco lugar, sin carácter de denuncia sino como de manera armónica.
El film fue una producción peruana, colombiana, francesa y alemana, con el apoyo de Ibermedia y el Fondo de Desarrollo Cinematográfico de Colombia. Se estrenó en el Festival de San Sebastián, ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance y el “Premio del público” en los festivales de Cartagena, Miami y Montreal. Además, fue la selección oficial del Peru para los Óscar de 2011. Aunque su llegada fue tardía los circuitos comerciales en Ecuador y otros países, su paso la deja como una de las cintas latinas más premiadas del año pasado.
Cine GLBT
La relación entre cine y homosexualidad siempre se ha mantenido en tensión, a manera de temas subyacentes. En 1895, uno de los primeros experimentos de Thomas Edison muestra una filmación de dos hombres bailando juntos, aunque no fue la intención del inventor, ésta se considera la primera escena gay del cine.
En un país tan influenciado por el fundamentalismo religioso como los EEUU, la industria hollywoodense mantuvo código muy claro sobre la homosexualidad en pantalla, un tabú prohibido. Las ramas protestantes y católicas amenazaron con boicots en contra de todo contenido de índole sexual u otro tipo de “perversión”, es así que se mantuvo una censura absoluta a partir de las década de 1930. Hubo algunas películas que abordaban el tema de manera subyacente y con cuidado, como los fue La soga de Alfred Hitchcock (1948) o tuvieron que adaptar los guiones para evitar la censura, como fue el caso de La gata en el tejado de zinc, basada en la obra de Tennesse Williams (Un tranvía llamado deseo), en la que el personaje interpretado por Paul Newman, originalmente gay, tuvo que ser modificado y eliminar la mayor parte de indicios de su orientación sexual.
Este cine explotó los estereotipos sobre los homosexuales, se creo la figura del sissy (mariquita en ingles) para ensaltar el caracter masculino del protagonista o ser objeto de gags cómicos. En estas cintas, los homosexuales eran retratados como depravados cuyas vidas terminaban siempre en desgracia.
Paralelamente, se creó un movimiento de contracultura en el que un llamado queer cinema (cine gay) se desarrolló en protesta a la imagen que Hollywood presentaba de esta comunidad. Uno de los primeros experimentos fueron los de Andy Warhol, con la trilogía Flesh, Trash y Heat, y la directora Barbara Hammer, pionera del cine lésbico. Sin embargo, no fue sino hasta la década de los 90′s y el inicio del siglo XXI cuando directores como Gus Van Sant o Ang Lee lograron dirigir filmes gay dentro del mainstream norteamericano, empezando con My own private Idaho (1991) hasta las galardonadas Brokeback Mountain (2006) y Milk (2008).
La historia del queer cinema es estudiada con mayor atención el documental El celuloide oculto (The closet celluloid):
Europa gozó de mayor libertad para abordar la temática queer, Alemania y Francia produjeron varias cintas GLBT a principios de los 30 hasta la prohibición y cacería del régimen Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. En la post guerra, directores de culto como Fassbinder y Jean Cocteau crearon historias que generaron tanto polémica como una amplia recepción del público. Hoy, cineastas como Francois Ozon y Pedro Almodovar se han vuelto íconos del movimiento.
No obstante, el caso latinoamericano es muy similar al estadounidense. La censura y el machismo tradicional mantuvieron al cine gay relegado por la mayor parte del siglo XX. Uno de los primeros films sobre la transexualidad fue la mexicana Lugar sin límites (1974) del director Arturo Ripstein, sobre un drag queen y su hija que ejercen la prostitución en un pueblo costero. Sólo en años recientes se presentaron cintas muy representativas del género como Antes que anochezca (2000) sobre el exilio del poeta cubano Reinaldo Arenas y protagonizada por Javier Bardém, y otras que abordan el tema de manera lateral como: La plata quemada (Argentina-2000) y Y tu mamá también (México-2001)
Actualmente, hay festivales de cine queer, como el Outfest de San Francisco (EEUU) y el mismo Un lugar sin límites, que se celebra en Ocho y Medio, aquí en Quito.

![Contracorriente[1]](http://elimperdible.ec/web/wp-content/uploads/2011/03/Contracorriente1-300x184.jpg)







Un excelente artículo sobre el cine GLBT a propósito de la película. Solo quería comentar algunos aspectos de la peli.
Me gustan mucho las metáforas que escogió Javier Fuentes para recrear el contexto peruano. Y creo que la genialidad del director está en la fotografía y en las locaciones. Esta relación sucede como una manifestación de lo bello en medio de lo inhóspito, como una pequeña rosas en el desierto de Atacama. Miguel y Santiago se encuentran entre los escombros de una casa abandonada y se relacionan en el paraje hostil de los acantilados. Tan hostil como el machismo latinoamericano.
Y pienso en las flores de Atacama porque sospecho que Fuentes quería representar al amor homosexual más allá del estereotipo sexual y creo que lo hizo muy bien porque el público de este género ya estaba harto de las comedias rosas y buddy movies (como lo comentaba León Sierra en http://www.ochoymedio.net/wp-content/uploads/2011/03/Estreno-02-11.pdf).
Santiago es un artista y expresa su amor por Miguel en el arte. Miguel es un hombre de pueblo, pescador, con un particular interés por el arte y la fotografía, aunque no tiene dinero para comprar una cámara. Y por ahí va el amor, en lo sublime, en las conversaciones después del sexo. Entonces, aunque podríamos pensar que su relación se fundamenta en lo sexual y hasta nos escandalizaríamos de que Miguel sea un hombre casado, encontramos al amor en lo humano; y entonces, como humano, el espectador descubre que debe callar su juicio sobre las relaciones del otro.
Después de la metáfora visual, del entorno como personaje, y de la relación homosexual fuera de lo homo-erótico; también me gusta el componente fantástico de la película. Fuentes quiere que el público latinoamericano vea su realidad, que no esquive el muerto. Y Solo Miguel y el público pueden visibilizar al fantasma de Santiago. Un metáfora del duelo a esta larga historia del machismo latinoamericano. Finalmente, el público asiste a un entierro marino donde se hunden en el agua, de una buena vez y por todas, el prejuicio y la negación.
Me alegra que te haya parecido interesante el artículo. Y con respecto a los puntos que dijiste, estoy de acuerdo. Precisamente, los dos puntos que más me impresionaron de la película fue esa fotografía maravillosa, como la maneja que manera que la miseria forma parte de la historia pero no se roba el show como en la mayoría de cintas latinas, por el contrario, es casi pintoresca junto con el resto del paisaje.
Exacto, la historia parece mostrar la visión de las sociedades latinoamericanas sobre este tipo de relaciones, casi como si fueran un fantasma al que todo el mundo ignora. Gran película, en todos los sentidos.