¿Por qué las academias de la lengua no citan fuentes?

“Citar las fuentes de una investigación científica es la primera obligación de un investigador, trátese de un individuo, un equipo o una corporación, como aprenden los estudiantes de primer año de de cualquier universidad del mundo. La omisión de este requisito descalifica cualquier investigación, tornándola inaceptable para su consideración en el ámbito académico, pero las academias de la lengua española se consideran eximidas de cumplir con este requisito.” (nota completa)

Esta es una interesante crítica de Ricardo Soca a la Asociación de Academias de la Lengua (ASALE). Parte de la crítica se centra en el caso de Roxana Fitch, a quien Humberto López Morales, secretario de la ASALE, envió una carta en 2008 donde reconoce personalmente que los materiales lexicógrafos recogidos por la Academia usaron “con frecuencia” la web Jergas de Habla Hispana, elaborada por Fitch, y dice de la página: “es de lo mejor que existe en la bibliografía lexicográfica de Hispanoamérica”; además, agradeció por la elaboración de esos materiales “tan ricos y, en su mayoría, exactos, lo que sin duda ha ayudado no a poco a nuestras tareas iniciales” y prometió “dar a su trabajo los créditos necesarios en la publicación de nuestro Diccionario de Americanismos“. Lastimosamente al momento de publicar el libro, esta promesa se pasó por alto, y el libro “llegó a las librerías, por mano de la RAE y con el sello de la AAL, dos años después, sin ningún crédito a la autora de una de las fuentes más importantes que se consultaron. Rosana Fitch se dirigió posteriormente a López Morales pero no obtuvo más respuesta”.

Considero importante citar las fuentes, porque no sólo se necesita mencionar de dónde se tomó la información o admitir en qué parte termina mi voz y dónde empieza la del otro, sino también reconocer el trabajo de otra persona, su esfuerzo al generar conocimiento y todo lo que hizo; por tanto, ni siquiera las Academias deben estar exentas de reconocer el trabajo de los demás. En el caso de los diccionarios de jergasamericanismos (PDF) se dejó de lado el aporte de muchísima gente, no solo el de Roxana Fitch, sino también el de la ecuatoriana Elizabeth Rosero Pavón que, aunque consta en los créditos, no fue invitada por la Academia a la presentación oficial del libro en Ecuador. Es criticable esta actitud y habla muy mal del valor que se da al trabajo intelectual de una persona en nuestro país. Tal vez es una actitud heredada del viejo continente o simplemente un descuido por parte de los organizadores, lo cierto es que es hora de que empecemos a darle más importancia a la labor intelectual de las personas que dan mucho de su tiempo y de su trabajo para generar conocimiento.

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