
Abrí la funda, rompí la envoltura, dejé caer las piezas del rompecabezas sobre la mesa, era uno de esos que se arman en un día, tenía quinientas piezas y al ensamblar las sesenta primeras me di cuenta que todas las pequeñas partes del cartón eran iguales. Todas las piezas mostraban un pequeño fragmento de la foto, sin embargo, cada trozo de papel era idéntico en forma a cualquiera de sus colegas. Con la malicia de un consumidor de chucherías, revisé el lugar de fabricación y comprobé que era Made in China. Así es el juego de Andrés Neuman, ganador del último Premio Alfaguara.
El libro Bariloche cuenta la rutina de un recogedor de basura que rearma su vida pasada a través de pasajes abiertos por sus rompecabezas, sus botas y su amante. Los símiles y las comparaciones ahondan la sensación de nostalgia y de encierro que los personajes sufren mientras están en la ciudad. En esta novela, los lugares y los espacios definen la personalidad de los distintos narradores y personajes, mientras que la nostalgia se construye a través de los túneles que transportan al protagonista al pasado de una manera continua desde el principio del texto.
El libro es un rompecabezas que repite los recursos una y otra vez como piezas de una misma forma. Cada capítulo se concentra en la descripción del espacio por medio de símiles que se conectan con el pasado perdido en Bariloche. El espacio es absorbido por los personajes que transitan por el mundo en una especie aletargamiento producido por la textura viscosa de la narración. Los acontecimientos, en cambio, son dejados de lado por el narrador, se vuelven una serie de imágenes sin razones ni consecuencias. La anhelada belleza que se persigue a lo largo de descripciones repetitivas empuja fuera del cuadro cualquier acción importante de los personajes.
Mientras leía el libro del argentino-español no podía dejar de pensar en el sabor agridulce del rompecabezas chino que terminé, con mucha pereza, de armar. La novela es un monumento de autocompasión bien dibujada. La forma de contar utiliza trucos narrativos muy útiles a la hora de causar una sensación de nostalgia en el lector, sin embargo, la cantaleta de un recogedor de basura autocompasivo y mal construído aburre en las primeras sesenta páginas. La novela no carece de finura en cada capítulo, pero un bonito dibujo no siempre es un buen rompecabezas.
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