Cernuda y Juan Ramón: dos homenajes de Valente

Entre los poetas españoles del siglo pasado que todavía permanecen, y cuya obra aún suscita sorpresas y pasión y lectores asiduos (pero secretos), Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda brillan con luz propia. La obra de ambos es deslumbrante y apasionante.

Juan Ramón Jiménez

La última etapa de Juan Ramón Jiménez, que la crítica ha llamado “suficiente” o “verdadera”, es uno de los puntos más sorprendentes de la poesía española del siglo XX. Si hubo un poeta que en realidad escogió el camino planteado por San Juan de la Cruz (no me refiero a escritorzuelos supuestamente místicos y visionarios) ése poeta, obstinado y valiente, fue Juan Ramón Jiménez. Hace once años se publicó un volumen que reunía sus libros escritos en el exilio, y que pertenecen a ésta última etapa del poeta. José Ángel Valente (poeta importante para esta nota, como se comprobará más adelante) dijo de Juan Ramón: “Sus libros finales lo llevan en el mundo de la experiencia poética mucho más allá de lo que alcanzó la llamada Generación del 27, en la que sólo hay dos poetas que acaso pueden ser aproximados a él en el orden de la intensidad creadora: Lorca y Cernuda”. Lírica de una Atlántida es el título del precioso volumen que reúne los libros de esta última etapa. En esta compilación se incluye uno de los poemas más importantes de Juan Ramón Jiménez: Espacio. Uno comprueba, mientras lee los poemas reunidos en el volumen, que el léxico de Jiménez no es tan amplio ni erudito. El poeta utiliza varias veces algunas palabras como árbol o luz o cielo, pero la manera en que las sitúa en el texto, el brillo (único) que les imprime, es deslumbrante y magistral. A continuación un poema de Juan Ramón Jiménez:

MÁS ALLÁ QUE YO

Ese ocaso que se apaga,
¿qué es lo que tiene detrás?
¿lo que yo perdí en el cielo,
lo que yo perdí en el mar,
lo que yo perdí en la tierra?

¿Más allá, más, más allá,
allá que toda la tierra,
todo el cielo y todo el mar?

¿Más allá que lo pasado
y más que lo que vendrá,
más que el principio y el fin
y más que la eternidad?

¿Más allá que yo, que acabo
todo con mi imajinar,
que estoy antes y después
de todo, más allá, más?

¿Más allá que yo en la nada,
más que yo en mi nada, más
que la nada y más que el todo
ya sin mí, más, más allá?

 

Luis Cernuda

Luis Cernuda es uno de los pocos poetas homosexuales que permanecen en la memoria de muchos lectores -más que por gritar su opción de vida o los problemas que ésta le granjeó en su época o las confesiones personales que a nadie interesan- por su poesía, lo único que importa, lo único que queda; “En el plato de la balanza un verso basta/ para pesar en el otro mi vida”, escribió el poeta portugués Eugénio de Andrade. Cernuda y Lorca son, tal vez, los únicos poetas que quedarán de la Generación del 27. Es posible que también quede una parte de la obra de Aleixandre y algo de Gerardo Diego, pero las cumbres que son Cernuda y Lorca, están mucho más lejos. Las etapas de madurez y comienzo de la vejez de la poesía de Cernuda (así denomina Paz a las dos últimas etapas de la obra del poeta) dejaron libros tan emblemáticos como Ocnos, Como quien espera el alba, Con las horas contadas o  Desolación de la Quimera, éste último, una obra maestra absoluta para muchos de los grandes lectores de Cernuda. Además, hay una parte de la obra de Cernuda a la que no se le ha dado la importancia que se merece: sus traducciones. Las versiones que hizo de Hölderlin tienen la belleza y el tono cuidado y delicioso y la música de sus propios poemas. Mención aparte merecen sus versiones de Browning, Blake y Yeats. A continuación un poema de Cernuda, el poeta español más importante del siglo pasado:

PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Itaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

 

Fragmentos de un libro futuro, último libro de José Ángel Valente

Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda fueron dos poetas muy queridos por otro gran poeta español: José Ángel Valente. A Valente se lo suele adscribir al Grupo poético de los 50 o de medio siglo, pero en realidad, su trayectoria es única y muy personal. Fue un camino lleno de descubrimientos y aportes para la poesía hispanoamericana, entre los que destacan las magníficas versiones que hizo de Paul Celan.

Esta nota es un pretexto para hablar de tres grandes poetas. Y como homenaje, tanto a Cernuda como a Juan Ramón Jiménez, y por supuesto, a Valente, a continuación dos poemas de éste último dedicados a los dos primeros:

El yo y la máscara (A Juan Ramón Jiménez)

J. R. J. llevaba sus ojos como una máscara. De pronto se le llenaban de crepúsculos. Y él descendía, sin dejar su máscara, a contemplarse en el espejo de la tierra. Yo deseante y deseado. El yo y la máscara. Fue un místico invertido. Se acariciaba con una larga media negra el yo inexhausto. Fue, pues, piedra de escándalo. Lo amábamos, lo amamos. Por la perfección que nunca se perfeccionaba. Porque no amó jamás al prójimo como a sí mismo. Porque abrió cuando quiso ventanas al sarcasmo. Porque nunca ingresó en la Academia. Porque parió más poesía que cuantos, mal o bien, le sucedieron y él había engendrado. Porque hizo la “Obra” deshaciéndola. Y así la dejó viva. Porque entró en la vejez sin morir. Y porque la palabra no lo abandonó. Ni él a ella.

*

La luz caía vertical sobre la piedra.

En la losa desnuda pusimos siemprevivas.
También son leves y te representan,
a ti, tan duradero entre nosotros.

Subimos al lugar en donde yaces
dos amigos ingleses y un hombre de tu tierra,
amigos ciertos que te aman
de dos países que al cabo desamaste.

Tal fue tu sino, engendrar el amor
en el difícil reino de lo siempre contrario
unido por el fuego.

Señor de la distancia y lo imposible.
Luis Cernuda, poeta, reza
la piedra, y los lugares y las fechas
que acotaron tu paso entre los vivos.

Entre ellos soñaste un poema futuro
y al final lo engendraste
y hoy puede así el futuro hablar contigo.

Otros han desaparecido entre las sombras.
Tú no. Tu luz escueta permanece,
lo mismo que estas flores, para siempre.

(A Luis Cernuda, con unas siemprevivas)

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Sobre el autor

José Luis Astudillo. Estudiante de Comunicación de la PUCE.