Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído.
Jorge Luis Borges
Parece que en estos tiempos más personas quieren escribir y menos gente quiere leer. La poesía siempre ha sido un género marginado por los lectores; muchos prefieren leer una novela tipo Los hermanos Karamazov o la que ganó el último premio Alfaguara antes que enfrentarse a un poemario. Siempre me ha gustado fijarme en las definiciones que los poetas le dan a su trabajo. La de Baudelaire, por ejemplo, dice: “la poesía es una rarísima flor, cuyo perfume solo se aspira en la religión de la soledad”. La de Olga Orozco es muy fresca: “no puedo dejar de creer que la poesía no sea una infinita probabilidad”, ”esa cosa liviana, alada y sagrada” de Platón y mi favorita “la imagen exacta de la vida, expresada en su eterna verdad” de Bysshe Shelley. Creo que quien empieza a leer poesía no debe preguntarse primero qué es sino embarcarse en el viaje, esperando sorpresas y construyendo su propia idea. A continuación, les presento cinco poemarios que no he dejado de leer:
Las bodas del cielo y el infierno, William Blake
Escrito hacia 1790 y publicado con ilustraciones del mismo Blake, este libro refleja la influencia de las prédicas de Emanuel Swedenborg, visionario sueco cuya influencia en Inglaterra fue muy fuerte hasta finales del s. XVIII. William Blake fue educado en la tradición inconformista, es decir, en la religión de aquellos que aceptaron la ruptura con Roma pero no el sometimiento a la nueva Iglesia de Inglaterra existente desde la monarquía. En Las bodas cielo y el infierno, Blake muestra ilustraciones, poemas, diálogos y parodias y, lo más importante, los Proverbios del infierno, máximos exponentes del romanticismo inglés: /El orgullo del pavo real es la gloria de Dios. Lubricidad del chivo, generosidad de Dios. La cólera del león es la sabiduría de Dios. La desnudez de la mujer es la obra de Dios/. Blake es considerado un poeta pre-romántico porque su tiempo estuvo marcado por las tendencias clasicistas; evidentemente se adelantó al romanticismo con un tono profético y una profunda crítica a la razón y a la religión: /Los Poetas de la antigüedad animaron todos los objetos sensibles con Dioses o Genios, nombrándolos y adornándolos con las propiedades de bosques, ríos, montañas, lagos, ciudades, naciones, y todo lo que sus dilatados y numerosos sentidos podían percibir/.
Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud
Aunque la obra del poeta maldito no fue del agrado de los parisinos, pasó a la historia por ser uno de los simbolistas que marcó el inicio del modernismo con la frase “Yo es otro”. Dejó de escribir a los 20 años y fue en julio de 1873 cuando terminó de escribir su poemario más célebre. Una temporada en el infierno es un largo poema escrito en prosa, sin descuidar la melodía, donde el estado salvaje de la voz poética queda atrapado entre el cielo y el infierno cumpliendo su condena, de hecho, la voz presenta al libro como unas cuantas páginas horrendas de mi diario de condenado. Algo que siempre me ha gustado del libro son las alusiones a las estaciones del año, como si de estas dependiera la suerte de la voz poética: /Y la primavera me trajo la risa espantable del idiota,//¡El otoño ya! ¿Pero por qué añorar el eterno sol…?/. Creo que la virtud del libro es el tratamiento de la decadencia del ser humano. A través de un tono fatalista, Rimbaud, alude a la tomentosa relación que tuvo con Paul Verlaine, a sus sueños rotos y sus teorías religiosas.
Árbol de Diana, Alejandra Pizarnik
En 1962, Octavio Paz escribió en París las siguientes palabras refiriéndose a este
libro: …“No tiene raíces, el tallo es un cono de luz ligeramente obsesiva; las hojas son pequeñas, cubiertas por cuatro o cinco líneas de escritura fosforescente, peciolo elegante y agresivo, márgenes dentadas; las flores son diáfanas”… Este es el cuarto trabajo de la escritora argentina Alejandra Pizarnik. Fue publicado en Buenos Aires y es la reunión de 38 poemas cortos en los que la voz poética se hunde en un mundo onírico y se desprende de sí misma para nombrar su cuerpo perdido y solitario: /ella se desnuda en el paraíso de su memoria ella desconoce el feroz destino de sus visiones ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe/. Árbol de Diana es el libro que arroja a Pizarnik al surrealismo, dice César Aira “por la brevedad y la preocupación constante”.
Romancero Gitano, Federico García Lorca
El libro fue escrito en La Huerta San Vicente, hoy “Casa-Museo García Lorca“, donde el poeta y su familia acostumbraban pasar los veranos desde 1926 hasta 1936, y publicado en 1928. La concentración por el mundo gitano y el deseo por representar la represión forman la columna del texto. En los romances se describe Andalucía como una tierra auténtica donde la melancolía convive con los gitanos; en el poema Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla se mencionan algunos símbolos de la cultura española como los toros y las aceitunas; cuenta que un /hijo y nieto de Camborios, moreno de verde luna va a Sevilla a ver a los toros/ pero cuando se detiene en el camino a cortar limones /la guardia civil caminera lo llevó codo con codo/ y /las aceitunas aguardan la noche de Capricornio/. Los gitanos conviven entre el instinto y la razón, entre el deseo de vivir y morir: /Antonio ¿quién eres tú? Ni tú eres hijo de nadie, ni legítimo de Camborio. ¡Se acabaron los gitanos que iban por monte solos!/. En Preciosa y el aire, dedicado a Dámaso Alonso, una gitana es perseguida por un viento erótico: /Niña, deja que levante tu vestido para verte. Abre en mis dedos antiguos la rosa azul de tu vientre /. La obra de Lorca es, quizá, la más estudiada de la Generación del 27, y se ha calificado a Romancero Gitano como una obra “misteriosa y clara” cuyo argumento principal es la historia de la huida y el amor contrabandista.
Antología de aire, Gonzalo Rojas
¿Qué es un libro? Pudiera pensarse que es un cubo de papel y cuero con hojas, pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez.
El escritor mexicano José Emilio Pacheco dijo: “Desde los 20 años Rojas no se parece más que a sí mismo”. Rigurosa y elaborada, la poesía de Gonzalo Rojas es el ejercicio de autoconciencia de un excelente lector de poesía que conoció bien los cuatro pilares de su país (Neruda, Mistral, Huidobro y de Rokha). ”Aprendió de todos ellos”, afirmó Pacheco. Antología de aire fue publicada en 1991 y responde a un proceso de la modernidad por autonomasia: /Libros y libros, libros hasta las nubes, pero la poesía se escriba sola. Se escribe con los dientes, con el peligro, con la verdad terrible de cada cosa. No hay proceso que valga, ni teoría, para pasar el tiempo que nos arrasa/. Eduardo Milán define la poesía de Rojas como “un lenguaje de cuerpo abierto desde donde escapa un alma a la velocidad de la luz”. Rojas murió el pasado abril a los 93 años; hoy es una de las voces más importantes de la lengua española por lograr un híbrido de habla cotidiana y lenguaje poético, una dualidad entre imagen y palabra.






