Encontrar a Denis no fue fácil. Varios rumores me llevaron a buscarlo en los bosques, como si se tratase de un lobo común. No obstante, dada la escasez de información, no podía descartar nada. Finalmente en un bar un sujeto me reveló entre risas el paradero de Denis, más conocido como el Lobo Feroz. De feroz, nada -me dijo: ahora es incapaz de perseguir una simple tortuga.
Lo encuentro de noche, le pregunto si puedo conversar con él. Por su manera de hablar, parece que se hubiera puesto a platicar con cualquiera.
Yo soy la víctima aquí: cuando era un pequeño lobezno, fui mordido por una vieja bruja que robaba plantas de mi bosque. Traía una cesta que desprendía un aroma apetitoso. Pensé en sorprenderla pero ella me esquivó. Apenas puse las patas sobre el suelo, sentí una fuerte mordida. Asustado ante el peligro de una infección, huí rápidamente, sin saber que su dentadura postiza colgaba de mi oreja. Cuando me di cuenta, era demasiado tarde. Apenas me arranqué sus dientes, una fatiga inexplicable me sumió en un profundo sueño lleno de pesadillas. Desde entonces, apenas se pone el sol, me vuelvo un hombre.
¿Por qué atacaste a la niña de la capucha roja?
¡Eso es mentira! Cómo iba a atacarla si yo… -su voz se quiebra, gime- si yo… ¡si yo estaba enamorado! Sabía que como lobo, no era digno, pero como hombre… sólo debía entretenerla durante el día y confesarle mi amor en la noche. La espié varias veces en la escuela, tratando de adivinar su personalidad a partir de las medias en sus tobillos… Pero, fuera de ese detalle, sólo alcancé a descubrir que le gustaba llevar una mariposa atada su cabellera.

Denis antes y después de la transformación
De lobo a hombre
Poco a poco, la pasión invadió el cuerpo del hombre y el lobo: cada cual miraba a la niña de capucha roja con ojos golosos y motivos opuestos. El lobo antropolicándrico la contactó primero. Su amor cayó al suelo, cuando Caperucita se agachó a quitarle el ramo de flores que llevaba en su hocico, y le ofreció un pedazo de pastel. Denis, conmovido y avergonzado, empezó a engullir el suculento postre. Es un experimento -dijo Caperucita en su oído- lo llevaba para probarlo con mi abuelita, pero tú apareciste primero. Avísame si te mueres.
¿Cómo sobreviviste?
La verdad pensé que había muerto. Cuando pude abrir los ojos mi olfato era inútil y mis fuerzas débiles… Creí que estaba moribundo pero no: sólo me había vuelto hombre. De vuelta a mi casa, me sentí sumamente turbado y triste. –Denis se levanta, camina hacia la ventana, y regresa después de un rato -. Había otros crímenes en el bosque, así que me dediqué a investigar. Como hombre, vendía estudios sobre el comportamiento animal, y como lobo, buscaba al temible ladrón de pasteles de la abuela. Pese a entregar mi intelecto a estas actividades, nunca pude dejar de pensar en la niña de capucha roja.
Robo de pasteles
Denis conoció a la abuela de Caperucita al descubrir al ladrón de sus pasteles. La abuela estaba cerca de expirar, y lamentaba no haber podido arreglar el mal carácter de su nieta. Entre ambos decidieron darle una lección. Cuando la joven llegó, Denis estaba en la cama de la anciana, vestido como tal. Apenas llegó, la joven de capucha roja hizo comentarios ofensivos. A Denis no le preocupaba estar vestido como vieja –es más, empezaba a gustarle-, hasta que Caperucita criticó sus ojos saltones, sus dientes amarillos, y su pésimo gusto. Son para asustarte mejor, exclamó Denis, quitándose las cobijas, las ropas y echándose a reír. Pero desde la perspectiva de Caperucita y la abuela escondida en el armario, el lobo había rugido con furia y abrió las fauces para engullirla. Un leñador entrometido abrió la puerta de la casa, con su hacha en ristre. Denis saltó por la ventana, y se destrozó las patas al caer por el abismo que no había visto.
Ahora Denis vive en una casa refugio. Sus patas recobran vida al tornarse hombre, pero en el día no le sirven para nada: le resulta muy doloroso tratar de avanzar, pues los lobos son digitígrados y caminan apoyándose solamente en los dedos de sus patas. No sabe qué tal lo está haciendo como hombre, y el recuerdo de ser un lobo competente le llega todas las mañanas, cuando despierta peludo y adolorido.
Esta entrevista literaria se basa en los siguientes textos:
El lobo hombre, cuentos de Boris Vian.
Versión del lobo, adaptación corregida de un texto de Lief Fearn.
Versión del lobo enamorado, de Triunfo Arceniegas.
Y en esta película:





