De Ecuador, se podría decir lo mismo que escribió Javier Marías sobre España, en la pequeña presentación a un libro publicado en el centenario de Vladimir Nabokov: “Este es un país muy raro y muy loco y por ello hace gastar energías en balde y a menudo es una lata, pero hay que reconocer que las locuras y las rarezas también ofrecen una ventaja”. Dentro de las locuras y las rarezas, específicamente las que atañen a los escritores ecuatorianos, es muy interesante comprobar las verdaderas prioridades de las personas que se hacen llamar de esta manera. Uno pensaría, en primer lugar, que su prioridad es escribir. Pero no. La prioridad de muchos escritores ecuatorianos ha sido formar grupos de sirvientes o de amigos que se miran el ombligo, buscar un lugar entre las antologías internacionales o las editoriales importantes sin escatimar los recursos que sean necesarios para lograrlo (esto incluye repartir sus escritos como si fuesen panfletos o volantes que promocionan comida, entre otras mañas).
Pero uno de los mayores vicios, una rareza vergonzosa, ha sido -y sigue siendo- descalificar el trabajo de otros escritores e imponer el propio punto de vista como si fuese el único, el verdadero. Se han utilizado varios recursos para perpetuar esto: desde la academia se ha intentado imponer un canon, desde grupos literarios improductivos se intenta conformar antologías y organizar concursos para justificar la supuesta importancia de algunas personas, y, entre los recursos más vergonzosos y perjudiciales para la cultura del país, se han ignorado los logros y reconocimientos que contados escritores han conseguido, no solamente a nivel nacional, sino internacional. Estos deseos de ocultamiento, de obviar los logros de otros escritores, de censurar la obra de poetas cuyos textos caen con su propio peso y que no necesitan de comentarios académicos aburridos e inservibles, muestran el egoísmo y la falta de honestidad y humildad de los escritores de este país, que solamente buscan imponer su nombre y su obra, y que toman a la escritura como si fuese una cuestión de farándula o de partidos políticos que implantan su modelo e ideología. Estas personas no toman en cuenta que la literatura es un camino elegido y personal, en el que la única premisa es, como dijo Cervantes: “paciencia y barajar”. Si alguien escribe es porque quiere, punto. Y si busca el reconocimiento y la gloria y el dinero de los premios, está perdido y debió dedicarse a otra cosa. Como escribió Marías: “Y también dijo [Cervantes]: Tú mismo te has forjado tu ventura. Que el azar la reparta y nadie se queje”.
Al final de la primera cita de Marías se dice que las locuras y las rarezas también ofrecen ventajas, y es cierto. Si se intenta ocultar los logros de un escritor, si se busca de manera impetuosa relegarlo del canon académico y obviar sus reconocimientos, es porque dicho escritor representa un peligro para las pretensiones de aquellos que buscan obviarlo; y si, a pesar del esfuerzo incesante de sus compatriotas por deslegitimar su obra y sus reconocimientos, son editoriales importantes a nivel mundial y editores y poetas de otros países -sin necesidad de ser atiborrados con textos y libros y llamadas- los que premian a dicho escritor y lo incluyen en diferentes antologías y lo consideran un poeta importante, esas locuras y rarezas se muestran como lo que son, locuras y rarezas, y los escritores y académicos que buscan imponer su pensamiento y emprender campañas para desprestigiar a otros, quedan como lo que son, envidiosos empleados con pretensiones de divas del pop.
Escribir sobre Edwin Madrid es convocar el nombre y los textos de uno de los poetas más importantes del Ecuador y de Hispanoamérica. Su obra ha sido reconocida con varios premios, entre los que destaca el Premio Casa de América de Poesía Americana, que recibió en 2004, por su delicioso libro Mordiendo el frío, editado en la Colección Visor de Poesía. Ha publicado libros tan importantes como ¡Oh! muerte de pequeños senos de oro, Celebriedad, Tentación del otro o Puertas abiertas; ha recibido varios reconocimientos, participó en festivales de poesía alrededor del mundo y que se desarrollaron en Perú, Colombia, Chile, Aregentina, México, España, Suiza, Venezuela, Austria, entre otros países. Sin necesidad de formar un séquito que abogue por su obra, ni un grupo de sirvientes que defiendan e impongan su estética en la academia, Madrid ha sido incluido en varias antologías elaboradas en España y Latinoamérica. Integró el libro Centuria, en el que los 140 mejores lectores de poesía escogieron los poemas del siglo XX, y que se editó en la Colección Visor de Poesía. Publicó su libro Open Doors/ Puertas Abiertas primero en inglés y en Oregon, y después fue traducido al árabe. Este pequeño libro posee una honestidad admirable, una capacidad de evocación en el que las líneas poéticas son cristalinas y frescas y conducen, de forma pausada, a la revelación, y el lector siente que viaja a través de una brisa apacible o sobre las aguas de un río sosegado. Madrid ha sido antologado en varias ocasiones, en diferentes antologías latinoamericanas y españolas. A continuación me referiré a dos de ellas, que fueron publicadas hace algunos meses.
La primera se llamó Cuerpo plural, y fue publicada por la editorial Pre-textos. Esta antología fue elaborada por Gustavo Guerrero, escritor venezolano, consejero editorial de la casa Gallimard para el área española e hispanoamericana, y profesor de Literaturas Hipánicas en la Universidad Julio Verne de Amiens. Cuerpo plural muestra un amplio conjunto de autores y textos que permiten conocer y comprender la poesía latinoamericana, después de la pérdida de una noción unitaria de poesía y la vigencia de los valores modernos. Es una antología muy nutrida, una digna continuación de la famosa Las ínsulas extrañas de Valente, Milán, Varela y Sánchez Robayna. Lo que sorprende es la diversidad de resgistros, la cantidad de autores desconocidos en el Ecuador –en el que los poetas se miran el ombligo entre ellos- y que son indispensables para tener una visión crítica de la poesía latinoamericana, sobre todo para aquellas personas que aspiran a escribir poesía que valga la pena. Daniel Saldaña dice, en la nota que Letras Libres le dedica a la antología: “Una de las diferencias fundamentales que guarda Cuerpo plural respecto de otras antologías es que parece leer la poesía no desde la infértil endogamia crítica que tantas veces caracteriza a las muestras de este tipo, sino en relación con otros géneros literarios y, más aún, con una visión panorámica de la literatura latinoamericana actual que el antólogo domina a la perfección”. Una lección para los futuros antólogos. Entre los autores más importantes que figuran en este libro están los poetas: Antonio José Ponte, Fabián Casas, Damaris Calderón, Germán Carrasco, Luis Felipe Fabre, Alan Mills, Eduardo Chirinos, Daniel García Helder, Sergio Parra, León Félix Batista y, por supuesto, Edwin Madrid, entre otros. Para finalizar, un acertado comentario del autor de la nota publicada en la revista mexicana: “De acuerdo: la editoriales españolas, que gozan de mejor distribución en México que las latinoamericanas, siguen representando un visto bueno irritantemente necesario para que prestemos atención a ciertos autores. Es un hecho: aparecer en una antología española pesa más que aparecer en una salvadoreña. Por si fuera poco, las antologías made in Mexico [también se puede poner Ecuador] se publican bajo sospecha: de amiguismo, de intercambio de favores, de sesgo ajeno al puro lirismo puro”.
Para leer la poesía latinoamericana contemporánea de forma más amplia y con la complejidad que requiere y merece, es necesario tener presentes a varios autores y sus obras. Premios como el Loewe, el Casa de las Américas, el Casa de América de Poesía Americana, entre otros, son un gran punto de referencia. Pero además, y en correspondencia con dichos premios, hay libros indispensables que algunos autores importantes han escrito, y que representan el clímax de un largo trayecto de búsqueda, plasmado en varios libros que dibujan un recorrido particular dentro de la poesía latinoamericana y que, justamente, corrobora a varios poetas como figuras clave. La importancia de estos autores se confirma en España, en editoriales tan importantes para la poesía en español como Visor y Pre-textos.
Poesía latinoamericana hoy, es el nombre de la segunda antología en la que consta el poeta Edwin Madrid. Como se dice en el Boletín de Prensa: “Con esta antología se pretende ofrecer las voces actuales y presentes. Entendida voz actual la del poeta que escribe hoy independientemente de la generación a la que pertenece, de los estilos, escuelas o tendencias que confluyen en su obra”. Esta antología tiene alrededor de 200 páginas y es una coedición trinacional de Argentina, México y Paraguay. El proyecto es distribuirla en los países latinoamericanos y europeos, principalmente. También se menciona que, después de la primera edición, se buscará la traducción a otras lenguas. En el Boletín de Prensa se confirma que “la presencia destacada del poeta ecuatoriano Edwin Madrid, obedece a la selección que hicieron los editores tanto de México como de Argentina y Paraguay”. Nada de amistades ni compromisos, nada de favores ni imposiciones.
Poesía latinoamericana hoy, a diferencia de Cuerpo plural, está afincada unas décadas antes y contiene textos de poetas realmente claves para Latinoamérica y para la poesía en español: son verdaderos pilares poéticos. Nombres como: Carlos Germán Belli –uno de los mayores poetas peruanos vivos, ganador del Casa de las Américas 2009 y autor de libros en los que su manejo de la disonancia y los códigos lingüísticos es magistral-, Juan Manuel Roca –escritor colombiano, poeta que obtuvo el Casa de las Américas 2007 y el Casa de América 2009, posee una pluralidad expresiva, un registro propio, un manejo personal del humor y la construcción de imágenes poderosas-, Arturo Corcuera –poeta peruano, ganador del Casa de las Américas 2006, posee gran libertad expresiva y conciencia de la memoria y la sociedad, y es autor de libros tan memorables como Noé delirante o A bordo del arca-, Rafael Courtoisie –figura indispensable de la rica tradición literaria uruguaya, poeta, narrador, posee una voz inconfundible, rigurosa, rica en significaciones y en materia lingüística, y obtuvo el Premio Loewe con un jurado presidido por Octavio Paz-, Eduardo Mitre –poeta boliviano con una escritura despojada que contiene la experiencia del tiempo y el cuerpo, y cuyo libro Morada fue alabado como casi perfecto por Octavio Paz-, María del Carmen Colombo –una de las voces más originales y mejor constituidas de Argentina, con un rico manejo lingüístico y reflexiones demoledoras sobre lo femenino-, Manuel Silva Acevedo, entre otros, son los que conforman esta antología presentada en México.
La inclusión de Edwin Madrid en sendas antologías se enfrenta al deseo de deslegitimar la importancia de su obra. La poesía del ecuatoriano ha sido reconocida en el ámbito hispanoamericano, y sus participaciones en diferentes festivales y eventos a los que han acudido poetas tan importantes como Antonio Gamoneda, confirman la relevancia de su propuesta poética -diversa y rica- que revela una búsqueda alejada de las modas culturales y las revisiones experimentales, y una posición incrédula frente a las teorías literarias que matan a la creación poética y que dan a luz textos secos, muertos, mecánicos, como las personas que los componen. La poesía de Madrid encarna a la relación alquímica con las palabras, a la conciencia de sus propias obsesiones, a la certeza de la vacuidad de la trascendencia y a los límites del decir poético y su enriquecimiento a través de lo lúdico, lo mágico y lo erótico. “Creo en la poesía como en la vida” afirma Madrid en un bellísimo texto llamado Mi nombre, y también acota: “no estoy pendiente de la suerte de mis poemas”.
Pero la labor literaria de Edwin Madrid no se limita a la creación poética. Él trabajó en la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo. En 1988 dirigió los talleres literarios que se abrieron en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, de la que también fue bibliotecario. Desde hace varios años dirige la colección de poesía que se editó bajo el sello Ediciones de la Línea Imaginaria, que creó y dirigió por varios años en la Casa de la Cultura, y en la que publicó importantes libros de poesía de autores ecuatorianos como Paco Benavides, Aleyda Quevedo Rojas, Roy Sigüenza, Vicente Robalino, David Ledesma, entre otros. En 2008 creó en FLACSO Ecuador, el espacio Los Talleres de la Imaginación, “un espacio abierto de diálogo con creadores de diversos ámbitos, desde la pasión por imaginar, crear y vivir, para confrontarlo con el público”. Además, editó la Obra poética completa español/inglés de Jorge Carrera Andrade y elaboró la Antología de la Poesía Ecuatoriana del siglo XX, que fue publicada por Visor y distribuida en Latinoamérica y España.
Uno de los aportes de Edwin Madrid, no sólo para la poesía ecuatoriana sino para la poesía en español, fue el rescate de uno de los grandes traductores que ha tenido el Ecuador, junto con Aurelio Espinosa y Jorge Carrera Andrade: Francisco Alexander. La importancia de Alexander dentro de la traducción en Hispanoamérica no fue reconocida sino hasta hace muy poco. Cuando el traductor ecuatoriano presentó su versión de Whitman, y la Casa de la Cultura tuvo el acierto de publicarla en el papel biblia de los años 60, la pobreza editorial y crítica del país olvidó esta empresa heroica. Edwin Madrid y Víctor Vallejo fueron fundamentales para la titánica y bellísima edición de Hojas de Hierba, en la traducción de Alexander, que se publicó en la Colección Visor de Poesía en su Serie Maior y que fue alabada por poetas tan importantes como Luis Antonio de Villena y Antonio Colinas. Además, dentro de la colección Ediciones de la Línea Imaginaria, Madrid editó otra traducción de Alexander: una deliciosa colección de 50 poemas asiáticos de amor, cuyo título fue Tu bata flotante de seda y oro. Un verdadero lujo que cautivó al editor de la Colección Visor de Poesía y que, para gozo de los lectores de Alexander y los admiradores de la poesía china -tan encumbrada y exaltada por Paz- pronto circulará bajo este sello tan prestigioso. Esta sección de El imperdible, estará pendiente de dicha publicación y, por supuesto, la reseñará con mucho gusto.
Por todo lo dicho, y como un reconocimiento muy importante a su trayectoria, el poeta ecuatoriano ha sido seleccionado como Escritor en Residencia por La Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs (Meet) en Francia. Él permanecerá desde el 3 de abril hasta el 31 de mayo en sus instalaciones. La Meet es una institución que por más de veinte años ha albergado a escritores y traductores prestigiosos de todas partes del mundo, como los argentinos César Aira, Ricardo Piglia y la uruguaya Marosa Di Giorgio, permitiendo que varios autores y traductores se pongan en contacto y puedan compartir su trabajo literario. Esta institución también organiza anualmente la convocatoria de prestigiosos premios y edita libros y revistas que le permiten difundir el trabajo de todos los escritores y traductores que son invitados. Por primera vez un escritor ecuatoriano estará en las instalaciones de la Meet en Francia y será traducido y publicado por esta institución. La Beca de Residencia consiste en alojamiento durante el periodo señalado para terminar de escribir un libro, que luego será traducido y publicado en una de las editoriales francesas con las que La Meet trabaja. Después de su Residencia en La Meet, el poeta tiene programadas varias lecturas en España. Estará en el Laboratorio de escritura que el novelista Leonardo Valencia dirige en Barcelona y realizará una presentación en El Centro Andaluz de las Letras, en el Ciclo de Poesía que tendrá lugar en el Museo Picasso de Málaga, así como otras actividades en la capital española.
En nombre de la sección Libros de El imperdible, le deseo mucha suerte y éxitos al poeta ecuatoriano en este nuevo reconocimiento a su trayectoria y su talento, y a su búsqueda poética que es también vital. Para concluir y como justo homenaje, a continuación les presentamos algunos textos de Edwin Madrid:
Celebriedad (Fragmento)
yo mismo soy el vicio en persona
yo en fin soy un monólogo
un hablar alto incoherente
yo personalmente
yo metafísicamente
yo el sonso que no le importa la patria
porque no tiene un pedazo de tierra donde caerse muerto
yo pronombre personal
frase escrita con la ceniza que se tira al viento
yo la metáfora
aquella cursilería que te arranca una risotada
yo cicatriz en la cara del cabrón
que te amenaza con sacarte a patadas
yo velo de mujer egipcia
yo el contradictorio
los pies que se acarician bajo la mesa
los cachetes del cura
yo que uso lentes redondos para no parecerme a mí
una lápida en el cementerio que dice
aquí yace el capitán de un barco ficticio
yo que opino que el presidente es uno de ellos
el que cuenta las piedras de las calles
el investigador minucioso del síndrome de inmuno
deficiencia adquirida
yo el que habla francés con dos copas
aquel niño que se fue en diarrea en los brazos de su tía
el astrónomo que descubrió el satélite overón
yo folleto revolucionario en el colegio
el jovencito insignificante que leyó
a los naturalistas norteamericanos
yo que todas las mañanas me doy cuenta que llevo bigotes
el friolento que no sentía frío entre las piernas de su prima
yo bestia real
Pétalos de cristal saltan
en la inmensidad del prado
y buscan su cauce colina abajo.
Horizonte atiborrado
de nubes negras,
donde relampaguean
los ojos de la tarde
que al apagarse dejan
escuchar la voz antigua
de los cielos de octubre.
No hay duda,
ha llegado el invierno. (De Puertas Abiertas)
La niña de mi lengua
En el bosque, luego de desnudarla, le cubría con hojas hasta que el sol cayera. La muchacha olía a eucalipto y de su entrepierna salía una fragancia a mundo que retenía en la punta de mi lengua por más de una semana. (De Mordiendo el frío)
Ají de palabras
El ají quema en lo más íntimo, es fuego a flor de labios, territorio en la punta de la lengua que escupe palabras negras y locas. Río rojo que va de boca en boca como llamas arrasando todo hasta que tocan la fuente del almíbar; y las palabras, se convierten en trozos de carne que laten y suben al pensamiento, al corazón de la lengua, donde pica más que mil palabras extrayendo el gusto a los alimentos del sueño. (De Los Alimentos del Cielo y del Infierno)








