En su poema El vaso de agua, Wallace Stevens dice lo siguiente: “Que el vaso en el calor se fundiría/ Y que el agua en el frío se volvería hielo, / Demuestran que este objeto es tan sólo un estado, / Uno de muchos, entre dos polos. / También lo metafísico posee esos dos polos”. Las tres partes que conforman el poemario El Deshielo, de Patricio Briceño, pueden leerse como diferentes estados de lo blanco, del agua y el invierno, en los que lo físico (un álamo, un ave) y las ideas, finalmente confluyen y se funden en la experiencia poética que el poeta lleva “hasta que sea nieve/ desnudo oleaje, tormenta”, es decir, lo que busca Stevens cuando pugna por el estallar de las ideas y su fluir, como en los cambios de estado que se dan en lo material; desde el polo de los espejos y su “furia glacial”, hasta el deshielo que, como dice el poeta Juan José Rodríguez, supone un “paisaje abierto donde las palabras se desprenden del glaciar blanco en un agua de sereno sentido”, Patricio Briceño conforma una obra que descansa en lo leve, como “el viento” que “se pierde en los espejos blancos” o “el escándalo azul de los pájaros”, y que a la vez posee el peso de la niebla, los espejos y los rostros, como la hoja seca de un sauce que descansa sobre un charco después de la lluvia, con la niebla danzando alrededor de su caída y su reflejo.
Patricio Briceño nació en Quito, el año de 1977. Realizó estudios en la carrera de Comunicación y Literatura de la Universidad Católica del Ecuador. Ha sido miembro del Consejo Editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (2006) y jefe del Área de Lenguaje y Comunicación del Colegio San Gabriel (2005-2006). Ha publicado poemas en la revista de ensayo y poesía País Secreto, y en Periódico de Poesía. El Deshielo es su primer libro y fue editado por la Corporación Cultural Orogenia.
“Parajes enfermos de lluvia/ dóciles árboles que siguen/ el itinerario de la niebla”, constituyen algunas de las notas de esta “partitura oscura, vigorosa, bella”, en donde la habitación y la ventana son algunas claves del trabajo del poeta y de su búsqueda, y lo llevan a “golpear las palabras contra la noche”; pero esa habitación se convierte en el recinto donde la ventana es agua salpicada de lluvia, donde “brota el aire en forma de jardín”, donde “aunque sólo haya aire ante tus ojos, / es luz también lo que se mueve. / Es techo, es agua, es árbol” y donde la “[…] música/ donde antes habitaron las nubes” palpita en los oídos del poeta, de la mano de Björk, Dead Can Dance o Porcupine Tree. El poema existe donde el poeta deja de mirar el mundo de la manera común y corriente, donde el mundo es inasible, disperso y cada palabra lo inaugura por primera vez. Patricio Briceño, a propósito de Nil Recurring, Ep que complementa el disco Fear of A Blank Planet, escribe lo siguiente (tomado de La Comunidad Inconfesable): “La producción de Porcupine Tree, banda británica liderada por Steven Wilson, se caracteriza por un discurso equilibrado entre luz y oscuridad: tonalidades ásperas, simetría, paisajes de calma enrarecida. Las guitarras, apoyadas en texturas de teclados y samplers, algo característico en otros discos de la banda, despliegan niebla, fulgor, dolor, violencia. Agresividad y paz. Rock progresivo, folk, metal y ambient. Equilibrio en medio de la dislocación contemporánea, que Porcupine Tree devuelve a sonido y letra. Este Ep, como sucede con el disco al que complementa, Fear of A Blank Planet, alude a la juventud vacía, según Wilson, de esta época”. Imposible no vincular este texto con versos como: “¿Acaso aún descansa, sobre la piedra desnuda, el agua?// Sólo el bronce de la tarde esparce sus engaños// En el fondo, hormigas, escarabajos, / criaturas de la nada”.
Pero la Versión del invierno del poeta (tomando el título del texto que cierra el libro), va más allá de la contemplación: el invierno encarna en los espacios de “[…] la secreta arquitectura de la niebla” en los que las aves, los árboles, los astros, la ceniza y el agua conforman una estación oscura y blanca a la vez; con ese contraste entre la sombra y las vendas metálicas de algunas obras de Gottfried Helnwein, pero con la diferencia de que la sombra es, en El Deshielo, noche en la que “la luna/ escribe/ alrededor”, y las vendas y gasas blancas, son “alianza entre nieve y espuma”. Finalmente y “con una intensa pasión por ‘oír’ la perpetua mutación de la realidad e interpretarla, el poeta transfigura cada elemento que llega a sus manos” y así, brinda al lector una auténtica y poderosa experiencia poética.
Una lectura mucho más detenida e igualmente apasionada del libro, permite vislumbrar la confluencia de diversos y excelentes poetas, cuya obra o parte de ella, encuentra en el poemario de Patricio Briceño la función del aporte necesario a la configuración de la obra que hace la lectura atenta y la asimilación apasionada, cosa que solamente es posible si el lector es riguroso, apasionado y un verdadero amante de la poesía. Octavio Paz está presente en todo el poemario, pero particularmente en versos como los siguientes: “El eco calla en la llama/ la llama duerme en la escarcha// En los montes/ el vuelo indiferente de las aves”. El Paz que asimiló las tradiciones japonesa, china e india, está aquí. El libro del frío y Arden las pérdidas de Antonio Gamoneda, están presentes en versos como éstos: “fuiste su alimento/ y sobre ti descendieron para nombrarte// bebiste venenos lánguidos/ y fue álgida en tu carne la ceremonia del viento”. Hay que mencionar, sin duda, a un gran poeta portugués cuya voz también resuena en el libro de Patricio Briceño: Eugénio de Andrade.
El Deshielo, es un libro que pertenece al pequeñísimo grupo de poemarios de una generación de poetas ecuatorianos que poco a poco va ganando fuerza, espacio y un ritmo sostenido y coherente en la creación de su obra (no todos, claro, algunos exudan arrogancia o pretensión). Amparados en la lectura de poetas de distintas tradiciones, en la revisión de los grandes posmodernistas ecuatorianos, y en el detenido contacto con la obra de poetas vivos como Iván Carvajal, Alexis Naranjo o Vicente Robalino, han entregado a los lectores ecuatorianos libros tan brillantes e importantes como: Viaje a la mansedumbre (Juan José Rodríguez), Revés de luz (César Carrión), Aldaba (César Vásconez), entre otros.
Algunos poemas del libro:
(De SUBTERRÁNEA)
III
Así como las cenizas no conocieron lenguaje
y su sueño fue lánguido y larga su espera
así las hojas caídas de estos sauces
Rendida osamenta
bajo el peso ciego de los autos
escarcha breve sobre la tierra viva
cansado escombro
junto a la huella aún tibia del viajero
Así como las cenizas
yacen aquí los días vencidos
la herrumbre acumulada de los años
(De IN ABSENTIA)
II
A David Jarrín
Arrojados al bosque
Delante
sólo somos bosque
Volver al borde
del rostro abandonado
pero no entrar
La luna
escribe
alrededor






