Maratón es una obra que se deja leer fácilmente. La novela del escritor guayaquileño Hans Behr fue la ganadora de la última edición del Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinoza Pólit, en la categoría novela. Hay varios elementos que hacen que esta novela no atrape al lector eficientemente, su desarrollo es lento.
Cada uno de los cuarenta y dos capítulos que forman el libro corresponde a un kilómetro que la protagonista avanza en la carrera. Empezamos bien, la distribución de los capítulos muy singular. Permite que en cada sección se traten temas diferentes sin que se pierda la continuidad debido las partes están delimitada por un factor externo a las situaciones: los kilómetros de la carrera.
La novela empieza con un ritmo tranquilo, meditabundo. Desde el disparo inicial la maratonista se va a enfrascar en un monólogo larguísimo que se desarrolla a partir de una lluvia de recuerdos previamente planificada. Estos recuerdos revelarán rasgos de la protagonista que, al avanzar la historia, nos harán comprender detalles que quedaron sueltos en capítulos anteriores. A veces el monólogo se extiende demasiado y relega a la acción a un segundo plano. Nos damos un buen respiro cuando llegan personajes externos para agilitar el ritmo de la obra. El uso de las metáforas para describir los momentos o situaciones son acertadas, sin embargo llega un punto en el que resultan excesivas y hacen que la acción se frene de repente. Este frenazo provoca que el lector tenga que volver a tomar ritmo en la lectura de a poco.
A partir del kilómetro veintisiete notamos que la protagonista no está divagando ni contando la historia al lector, sino a la maratón como un tú. además empieza a bombardearnos con (más) referencias a otros libros y autores como Mishima o a diversos personajes, como el hombre tanque de Tiananmen. A diferencia del inicio, en esta parte las digresiones y el diálogo con las interrogaciones y exclamaciones hechas a la maratón vuelven el recorrido de la protagonista más expresivo, se nota mucho más el cansancio, la euforia. Porque en los capítulos anteriores no se notaba su condición de una manera tan clara: parecía como si correr cuarenta y dos kilómetros fuera cosa de todos los días.
Sin embargo debemos rescatar los puntos que hicieron a esta obra merecedora del Aurelio espinosa Pólit.: La temática de está alejada de los motivos convencionales sobre los cuales se suele escribir. Es una novela deportiva, si es que existe un género tal. Crear un libro con estas características no es fácil pues para efectos de construcción verosímil debe haber una investigación a fondo sobre el deporte del que se va a escribir y el contexto de la historia a contar. Hans Behr seguramente ya tenía un poco de conocimiento del tema pues es un deportista aficionado; pero lo que seguramente tuvo que hacer es remitirse a una gran cantidad de fuentes para recrear el ambiente en el que se envuelve la protagonista. También se hacen necesarios estudios de la fisiología humana para crear una lesión real en Sami (la corredora).
Mención aparte merecen las diversas historias y personajes, que van desde pilotos de la Segunda guerra mundial, pasando por músicos como Louis Armstrong, literatos como Borges o Mishima y deportistas que marcaron su época por su actitud humana o por sus proezas deportivas.Todos ellos ambientan el mundo de la maratonista y sirven de ejemplo para que no decaiga en su intento de recorrer toda la distancia de la carrera.
Lamentablemente el conjunto total no convence del todo: es plano. No hay características en los personajes ni actitudes ni situaciones que impresionen, que enganchen, al menos no desde el inicio. La forma en que la historia es contada no permite mayor inclusión de situaciones que den un giro importante a la acción. El autor usa de manera apropiada los recursos de los cuales dispuso para matizar el recorrido. Aún así en algunos momentos la novela roza los límites de un manual de superación personal. Maratón es una obra con altibajos pero, claro está, depende de cada lector juzgarla de una u otra manera.




