Tempestad secreta, muestra de poesía ecuatoriana contemporánea

Hace dos semanas -en el Centro Cultural Benjamín Carrión- y la semana anterior -en la Casa de la Cultura- se presentó la última muestra de poesía ecuatoriana. Su nombre: Tempestad secreta. Sus compiladores: Juan José Rodríguez y Luis Carlos Mussó.

Antes de esta muestra (en el prólogo del poeta Eduardo Espina se insiste en las diferencias entre “antología”, “muestra” y “compilación”, diferencias que al final sólo sirven para justificar la selección, inclusión y exclusión de poetas), se publicaron tres antologías importantes que muchos recordarán. La primera de ellas, Poesía viva del Ecuador, realizada por Jorge Enrique Adoum. Dicha antología supone una revisión importante de la poesía ecuatoriana del siglo XX y se propone, desde el título y el aporte de un pequeño epígrafe en el prólogo, mantener vivos los textos que se incluyen en el libro. El estudio introductorio de Adoum aporta una visión panorámica y rigurosa de la poesía ecuatoriana del siglo XX (hasta los años 80, aproximadamente) e incluye textos y fragmentos que permiten ingresar a la obra de algunos autores, o que bastan como lectura de la obra de otros.

Edwin Madrid, poeta ganador del Premio Casa de América de Poesía Americana 2004 con el indispensable poemario Mordiendo el frío, compuso una segunda antología de la poesía ecuatoriana del siglo XX. Una de las diferencias con la primera y la tercera, es que la casa editorial que presentó el libro es una de las más importantes de Hispanoamérica: Visor. Algunos premios, como el Loewe y el que ganó Edwin Madrid, son auspiciados por esta casa editorial. El criterio que siguió el poeta para la selección de autores y textos fue, como mencionó en una entrevista, “la autenticidad y tremenda honestidad con su labor”. Resulta interesante que el poeta mencione este criterio y no elabore una tesis llena de términos académicos e históricos que disminuyan las posibilidades de rebatir su selección. La antología elaborada por Madrid va unas décadas más allá de lo que se presenta en la antología de Adoum, e incluye poetas casi desconocidos e inmensamente atractivos como Lydia Dávila, David Ledesma, Roy Sigüenza y Paco Benavides. La selección de Madrid comienza con los “decapitados” y culmina con algunos poetas que publicaron en los años 80 e inicios de los 90. Lo que resulta curioso y demuestra ausencia de egolatría, es la exclusión intencional de sus propios textos. A pesar de haber publicado libros como ¡Oh muerte de pequeños senos de oro! o Celebriedad o el mismo Mordiendo el frío, Madrid no cede a la tentación de la vanidad y prefiere colocar a otros poetas desconocidos y ubicarlos a la altura de grandes creadores españoles y latinoamericanos.

La tercera antología fue publicada por Alfaguara y se la presentó en España. No fue distribuida en el país, y los pocos ejemplares que se puede consultar reposan en el Centro Cultural Benjamín Carrión y en la PUCE. La distancia temporal entre Poesía viva del Ecuador y La poesía del siglo XX en Ecuador (la antología elaborada por Edwin Madrid) es de 27 años. Es una distancia temporal considerable, y es seguro que la presencia de una nueva antología después de ese lapso de tiempo, propone una revisión de la obra de los poetas que ya mencionó Adoum y de otros que incluyó Madrid. Pero esta tercera antología fue publicada 2 años después de la segunda. Es verdad que incluye algunos poetas cuya obra se desarrolla (o, mejor dicho, despega) en los inicios del siglo XXI, pero en realidad no presenta muchos cambios que justifiquen la inmediatez de su composición y publicación. Esta antología fue uno de los proyectos que se realizaron en la semana cultural de Casa de América, en España, que estuvo dedicada al Ecuador. Allí también se compuso una antología de novela y una de cuento. Lo cierto es que esta nueva muestra de textos poéticos, respaldada por el importante crítico de poesía ecuatoriana y bibliotecario, Raúl Pacheco, fue publicada en 2009 y presenta cambios mínimos (como la selección de textos diferentes de los autores en común y la inclusión de poetas contemporáneos que publicaron en la revista País Secreto) en relación con su predecesora. En esta antología, el compilador Iván Carvajal sí se incluye como una de las voces importantes de la poesía ecuatoriana y coloca algunos textos en el libro. Entre dichos textos figura la versión completa del poema extenso La ofrenda del cerezo, que ocupa algunas páginas.

Tempestad secreta es la última muestra de poesía ecuatoriana. Es un libro voluminoso, de más de 400 páginas, que reúne textos de algunos poetas que nacieron entre 1950 y 1980 y cuya obra se desarrolla a fines de los años 90 y a comienzos del siglo XXI. En ningún caso la selección se reduce a dos o tres poemas por cada autor, sino que se presentan varios textos de varias obras. De esta manera el lector puede percibir, aunque sea de manera superficial, la evolución poética de cada autor así como sus aciertos y, a juicio personal, sus desaciertos. Además, se incluye un pequeño comentario crítico al final de cada selección, que aporta más criterios al lector y es una guía mínima para su acercamiento. El extenso prólogo de Eduardo Espina puede ser leído por alguna persona con tiempo y paciencia. Resultan sospechosos, la mayor parte de los casos, el apasionamiento y la extensión de las justificaciones.

Esta muestra de poesía ecuatoriana contemporánea incluye textos de varios autores que, como dicen los compiladores en el epílogo del libro, no figuran en muchas antologías y cuyos libros ya no circulan o reposan solamente en las bibliotecas. Este es el caso de poetas como Vicente Robalino, Paco Benavides, Cristóbal Zapata, Ángel Emilio Hidalgo, Carlos Vallejo, entre otros. Algunos de estos poetas siguen publicando, y su inclusión en esta antología podría servir para que algún lector que se apasione por los poemas incluidos, pueda acercarse a sus libros anteriores y seguir de cerca su trayectoria. Otra virtud de la muestra es que presenta textos muy actuales, algunos inéditos, de poetas importantes, y por otro lado, incluye textos prácticamente inencontrables que figuran en ediciones muy antiguas. Por ejemplo, el caso de la poeta Aleyda Quevedo y de Ángel Emilio Hidalgo, cuyos poemas inéditos son un verdadero placer. O el fragmento de una versión del Canto XI de la Odisea, realizada por Paco Benavides. En realidad, toda la selección de Paco Benavides es un regalo, y por lo menos en el caso de la persona que escribe esto, leer dichos textos fue una motivación para un posterior acercamiento a los libros de este gran poeta ecuatoriano.

Sobra decir que toda selección siempre excluirá a varios autores (no es muy agradable que los antologadores o compiladores o seleccionadores de una muestra, se justifiquen por no incluir algunos nombres como si tuviesen obligación con alguien o deseasen componer una muestra irrebatible, algo en realidad pretencioso) y estará guiada por criterios personales, y por supuesto, lastimará las susceptibilidades de aquellos que se creen importantes y que no figuran en la muestra.

Las antologías o compilaciones o muestras, siempre han funcionado como puerta de entrada y halo de luz. Gracias a Tempestad secreta es posible encontrar autores de perfil bajo -pero importantes y fascinates- y acercarse a la creación poética contemporánea en el Ecuador, que, para bien o para mal, cada día va ganando más gente que quiere ser poeta y que escribe sin un mínimo de rigor, que bebe y asiste a presentaciones de libros, a concursos, a congresos y reuniones. A veces uno no entiende cómo tienen tiempo para leer y escribir. Aunque si se lee con atención su obra, se entiende que en realidad ésas no son sus prioridades; ellos andan en otra cosa, se dejan seducir por el neobarroso o la fama que se ganan entre sus amigos.

En fin, esta nueva antología es un pretexto para acercarse a la poesía ecuatoriana contemporánea, cuya calidad, cada uno puede juzgar.

 

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Sobre el autor

José Luis Astudillo. Estudiante de Comunicación de la PUCE.