
Como en un desfile gitano llegaron cinco músicos que entraron por la puerta del bar, restaurante “El Pobre Diablo”. El acordeón, el violín, la tuba dorada y la guitarra se pararon junto a cada mesa y envolvieron a los comensales, quienes sorprendidos de la repentina llegada, sonrieron y aplaudieron al ritmo de los instrumentos; luego, los músicos suben al escenario y sin necesidad de presentarse los “Nuages” tocan sus melodías que fusionan el jazz con la música gitana de Rusia, Europa Oriental, Francia, música árabe y el klezmer.
El jueves 04 de febrero, gente de varios países como Francia, Senegal, Estados Unidos y Ecuador se reunieron para el concierto de los “Nuages”, banda que nació en el 2001. Los asistentes, algunos por recelo y otros para aparentar calma se resistían de aplaudir al ritmo de las guitarras, la batería, la tuba o la flauta, pero debajo de la mesa podía ver sus pies chochar sus pies contra el piso o golpear la palma de su mano sobre la pierna.
Después de dos canciones, Sven Pagot presenta al grupo y a cada integrante: David Bonilla, Jimmi Paez, Pepe Andrade y Darien Brito. Después de tocar durante un largo rato, el grupo toma un descanso, pero dejan a su público en compañía de “KIK”, DJ que hacía mezclas de jazz gitano.
Lo más gracioso de la velada fue que se notaba la división en el bar, pues a la derecha estaba el grupo divertido y al centro, los que contenían sus ganas de bailar, aplaudir y gritar eufóricamente. Pues después de quince minutos de descanso, la banda volvió al escenario, los de la derecha o izquierda, depende cómo se vea, se levantó de su asiento para armar un mini pogo (similar al mosh).
Aquella noche hubo un contraste de imágenes, pues una era la que los “Nuages” nos transmitían por medio de su música que daba sensación de libertad, viaje, ese “poder respirar profundo” y cuando el aire escapa por la boca o las fosas nasales se siente calma. Otra imagen era la pasión expresada en el rostro de los músicos, además no puedo olvidar la sonrisa de la gente y sus cabezas moviéndose de arriba abajo. Finalmente, la música se acaba, el público pide otra, tocan otra y otra hasta que satisfechos el “KIK” vuelve a escena para acompañarnos en el festejo del resto de la noche.
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