Hay cosas que no entiendo y, aunque lo intente, no me caben en la cabeza. Simplemente son absurdas. Que un hombre haya sobrevivido a un estallido nuclear metido en un refrigerador, por ejemplo. Que una hormiga pueda cargar diez veces su peso. Que el mundo haya sido creado en 7 días. Que un grupo de funcionarios públicos que deben mantener el orden, creen el caos y el pánico. Que quienes deben velar por la seguridad de la gente, la ataquen. Que, como pretexto del estado de excepción, se cancele un evento masivo como el Quito Fest, pero no el Campeonato Nacional de Fútbol.
Pero al poco tiempo me doy cuenta de que el mundo no siempre funciona desde la lógica. No desde la cartesiana, al menos, no la que manda la coherencia y la solidez de los argumentos, sino desde otras lógicas, como la del poder.
El Quito Fest es un festival de música independiente y alternativa. Desde aquí ya empezamos mal. Estas palabras significan ‘que no responde a intereses de poder’ (eso que tanto les falta a los periodistas) y ‘separado de la tendencia mayoritaria’ o, como se diría en inglés, el mainstream. Nuestro establishment son esos políticos disfrazados bajo una máscara “incluyente y pluralista” a quienes creemos, esperanzados, pero que, tarde o temprano, descubren sus verdaderos rostros, que resultan ser los mismos de siempre: los de un grupo de privilegiados que defienden las mismas estructuras podridas, a quienes solo les interesa el poder, el control y el progreso personal por encima del desarrollo del pueblo. A quienes no les conviene escuchar una voz que critique independientemente, sin hablar desde o para alguien, sino sólo a las propias convicciones.
Es un festival organizado desde y para los jóvenes. Los jóvenes, que siempre han sido olvidados por las políticas gubernamentales. Que más bien poco interesan a los gobiernos, porque “son el futuro” y nunca el presente. Peor aún los jóvenes alternativos, los rockeros, los “melenudos drogadictos y alcohólicos”, los satánicos; los rastas, los punkeros, los hardcore… los diferentes. Los que crean cultura y no la destruyen. Los que tienen algo que decir al mundo a través de la música, pero no tienen un espacio para expresarlo. Los que año tras año cuentan un minúsculo apoyo gubernamental para mantener esa apariencia de inclusión, “para que se callen y no molesten”. Porque el apoyo real y el espacio para la discusión son mínimos. Y los hechos lo han demostrado.
Es un festival que funciona como plataforma para las bandas ecuatorianas. Estamos mal, de nuevo. Porque, para ese mainstream, la música ecuatoriana se quedó en el pasillo, el sanjuanito y el Julio Jaramillo. Porque la música ecuatoriana de calidad sencillamente no existe a los ojos del establishment, ese monstruo devorador de conciencias y de cultura.
El fútbol, en cambio, ése sí gusta a todo el mundo. Es el opio del pueblo, el que tiene el poder de girar los ojos de todo el planeta hacia África, pero que después de un mes nos hace olvidarnos de que siquiera existe. El que mueve millones de dólares y de influencias. El que tiene toda la maquinaria del establishment ahí detrás. El que sí es un negocio, una verdadera industria. No como la música que, al menos en nuestro país, no lo es y está lejos de serlo, menos aún la independiente (porque en eso hay que darle la razón al monstruo), lejos de ser un medio por el que un músico pueda, de hecho, vivir, respirar y comer música. En este campo impera la autogestión, el esfuerzo… pero ¿de qué vale eso? De qué valen el esfuerzo y el trabajo de un año entero; no, me equivoco, de ocho años de gestión que lleva el festival; no, de décadas de jóvenes y adultos apasionados por la cultura musical, de los orígenes más diversos, que se unen en un mismo espacio de expresión, en el cual ya no son ni se sienten como descastados. Ese esfuerzo no vale nada, se arroja a la basura tras una jornada de violencia inimaginable.
No es que no me guste el fútbol; todo lo contrario. Lo que no me gusta es lo que está detrás y quienes están detrás. No me identifico en especial con ninguna cultura urbana ni tampoco soy una abanderada de ninguna de ellas. Simplemente creo y confío en el respeto y la tolerancia, eso que los políticos solamente dicen, sin siquiera tener la más remota idea de lo que es. Y rechazo la injusticia.
Porque el que hayan “suspendido indefinidamente” el Quito Fest, pero no el Campeonato Nacional de Fútbol no tiene argumento válido alguno. Solo pone en evidencia que no existe un verdadero apoyo gubernamental, que tampoco creo que nunca se lo obtenga. Porque las leyes y los derechos sólo se aplican para unos pocos. Porque el discurso “incluyente y pluralista” no es más que eso, un discurso y no una práctica. Porque las leyes y los derechos solo son para unos pocos. Porque los jóvenes seguimos siendo la última rueda del coche. Porque es evidente que, a pesar del discurso político actual, la sociedad no ha cambiado. Porque se mantienen los mismos estereotipos absurdos. Porque aún tememos a lo diferente.
La lógica no se aplica y no se aplicará. No mientras exista ese monstruo engullidor de culturas, ese establishment, esa estructura podrida de poder. Es decir, siempre. Lo único que queda es la lucha continua, aprovecharse de ese discurso político para que el festival salga adelante. Y ayudarse de esas pocas organizaciones que, esas sí de corazón, apoyan a las causas juveniles. Porque el festival saldrá adelante, muy a pesar de esas élites de poder.






Valeria: tu artículo de Opinión está muy bien escrito. Sin embargo, me permito discrepar en 3 puntos, para mí, fundamentales en tu nota.
1. Aquella afirmación que haces en el 3er párrafo, sobre los “periodistas”, me parece no solo arriesgada, sino desacertada, por la generalización que haces. El trabajo periodístico (lo sabrás cuando salgas de la U y representes a un medio) responde a un poder elemental, que se basa en jerarquías, como todo en la sociedad: un redactor tiene el poder de desarrollar un tema en la medida en que su editor le de el “poder”, y así sigue asciendo hasta el director del medio. Quizá te refieras a los medios adminisrados por el Gobierno. En ese caso, sería interesante que realices una correción.
2. veo que cuando te refieres a las sub-culturas que se ven representadas en el Quito Fest (Te cito: “Peor aún los jóvenes alternativos, los rockeros, los “melenudos drogadictos y alcohólicos”, los satánicos; los rastas, los punkeros, los hardcore… los diferentes”) caes, quizá sin querer, enuna práctica que de por sí es discriminatoria, al referirte a los jóvenes alternativos como parias sociales.
3. Me parece que tienes un concepto errado acerca de lo que para ti el mainstream aprueba o no en tanto la música. El mainstream aprueba y ha aprobado también la música distinta a los pasillos de Julio Jaramillo. La prueba de ello es que otros “parias” de nuestro país (musicamente hablando claro, nunca de otra forma), como aquellos que cantan y promueven la tecnocumbia, por ejemplo, o el folklor, o el género (perdón la ignorancia) al que represente Delfín Quishpe, tienen incluso un espacio más fuerte, más ventas de discos, más presentaciones. Ni se hable de aquellos que representan al pop, esos sí discriminados por los ‘alternativos’.
Y por último, me gustaría añadir que, siendo una futbolera empedernida, porque juego y porque escribo de fútbol, este deporte es tan masivo, que es comprensible que no se haya suspendido el campeonato nacional. Por seguridad, me pareció una imprudencia que se haya jugado esa fecha, pero hay que entender que el fútbol es el nuevo opio de las masas, y las masas necesitaban algo con qué empezar a sanar las heridas que dejó el 30 de septiembre
Con respecto al primer punto, cuando hablo de independencia me refiero justamente a esas jerarquías que existen en los medios de comunicación que impiden a un redactor escribir con libertad, desde su punto de vista.
Estoy consciente de que esos adjetivos son absolutamente esterotipados y los usé para simular el lenguaje que usarían los del “sistema”. Seguramente mi intención no está expresada lo suficientemente clara.
Respecto al tercer punto, no me refiero a los géneros musicales que aprueba el sistema, sino específicamente a que, para ellos, la música ecuatoriana (hecha y producida en Ecuador) no existe. Tienes muchísima razón en que desconocí la tecnocumbia (la influencia del sistema en mí); sin embargo, si mal no me equivoco, este género musical nació en Perú.
En verdad… si yo iba al Quito Fest y veía algún señor policía, de ley le lanzaba algo. Los miembros de estas tribus urbanas suelen ser más combativos, no borregos como la mayoría de los hinchas del fútbol. Si había Quito fest, de ley se armaba la grande… los rockeros somos gente que ya odiábamos a los policías desde antes del 30s.
A mi me gusta mucho el futbol y disfruto del campeonato nacional, a veces, sin embargo apoyo y creo que es una injusticia que se haya suspendido el Quito Fest y no el campeonato nacional de futbol.
Conozco a varias personas que esperaban con ansias poder disfrutar de sus bandas favoritas en el Quito Fest y que se quedaron con las ganas por el percance del 30 de septiembre.
Es realmente injusto que por que el futbol mueve más plata no se suspenda mientras que el Quito Fest, plataforma de cultura, quede indefinidamente suspendido.
De acuerdo totalmente. El fútbol ha demostrado mucha más violencia que los conciertos y, sin embargo, no se suspendió como el Quito fest. Otra cosa más que agradecerles a los chapas.
Chomsky decía que los deportes servían para distraer a las masas… Supongo que la música hace lo contrario, y es lógico decirle NO.
la música, como toda expresión del ser humano, puede crear conflictos fuertes… el Quito fest podría haber sido un espacio para que se dé nuevamente una hecatombe… me parece injusto lo que pasó, sobre todo por el esfuerzo que hacen esos jóvenes por dar un festival de música decente. Ahora, la fundación tiene que correr con las consecuencias de fallar con los contratos y deudas…otro de los estragos del 30s
Quisiera aclarar que, como dije en mi anterior comentario, me pareción una imprudencia que se haya jugado el Campeonato Nacional de Fútbol, pero ya está, se lo hizo. En cuanto al Quito Fest, ya se han lanzado fechas tentativas para realizarlo, una de las má seguras, la de 13 y 14 de noviembre. Así que hay que estar atentos a eso. No creo que la suspensión se haya debido a que un espectáculo a otro. Más bien, cuando se desataron los conflictos de 30s la misma organización suspendió el evento por falta de garantías, y se trató de realizarlo entre sábado y domingo (como el fútbol) pero la convulsión social impidió que las autoridades pertinentes puedan emitir el permiso para realizar el festival. Y tomo como fuente a la misma organización y su boletín anunciando la suspesión y próxima realización. También creo que va más allá de la violencia que uno u otro evento pueda generar. El fútbol es violento, hay expresiones esencialmente violentas en conciertos de rock (con la salvedad de que el Quito Fest no sólo tiene rock en su cartel). Simplemente la coyuntura no permitió que se realizara el evento