Stratovarius: Confesiones desde el fondo de un alma metalera

9131_316613205509_843475509_9535935_3377627_nEste ha sido, sin lugar a duda, el año del Metal en Ecuador. Pimero estuvo aquí Edguy (concierto al que no pude ir por problemas económicos), cuyo vocalista es el mítico Tobias Sammet, quien es responsable de grandes proyectos metaleros como Avantasia: the metal opera (partes 1 y 2), y sus secuelas The Scarecrow y Lost in Space. Estos proyectos reúnen a vocalistas, guitarristas, bateristas y demás grandes seres metaleros que trabajan en conjunto para dar vida a esta maravillosa música.

Luego, el 10 de marzo, fecha inolvidable, se presentó la leyenda viva del Heavy Metal, Iron Maiden. Bruce Dickinson y sus secuaces entregaron un espectáculo tan grande y poderoso que convocó a más de 26 000 almas cabeceantes en el estadio del Aucas para corear canciones que son más viejas que yo, pero que aún poseen toda la energía que solo el Metal puede entregar. El dolor de cuello y garganta me duró más de una semana. La importancia de este evento fue cataclísmica, si Iron Maiden (¡IRON MAIDEN!) estuvo aquí, siginificaba que por fin los dioses del metal habían sonreído a esta pequeña nación.

Ya entrada la segunda mitad de este año, el 11 de septiembre, (día después de mi cumpleaños) nuestra capital recibiría a una de las mejores bandas del género que, pese a ser de Brasil, no había pisado tierra ecuatoriana desde el 2002. La banda que clausuró el primer día del Quitofest este año fue Angra, cuyos integrantes son Edu Falaschi (vocalista y director de la orquesta sinfónica de Sao Paulo), Kiko Loureiro (guitarrista), Rafael Bittencourt (guitarrista), Ricardo Confessori (percusión) y Felipe Andreoli (bajista y decano de la Facultad de Música de la Universidad de Sao Paulo). Esperé más de diez horas en el sol meridional de nuestra Patria para oír tocar un repertorio impresionante que recopilaba lo nuevo y lo viejo de Angra, provocando en más de uno lágrimas de felicidad o gloria. Se confirmaría que al evento asistieron 30 000 gentes. Y cómo no hacerlo, además fue gratis.

El evento que remató inmisericordemente a este metalero año se llevó a cabo el pasado jueves 22 de octubre. Stratovarius, la banda finlandesa que por poco inventa el Power Metal, se presentó en el Ágora de la Casa de la Cultura. Desperté ese día con un mal sabor de boca puesto que la horda metalera estaba lista para el concierto y yo, después de agotar casi todos los recursos posibles, me encontraba aún sin entrada. Pasé la mañana entera con un humor digno de una cabra y con el ceño fruncido. Almorcé con mi padre y le expliqué la magnitud del evento y las terribles repercusiones que habrían en mi vida , en caso de no asistir. Se rió y patrocinó mi entrada a localidad general.

Salí corriendo en busca de un revendedor y lo encontré sin dificultad; también encontré a mis amigos que habían llegado desde muy temprano para hacer fila y, ni bien saludé a todos, sucedió lo que algunos recordaremos como un milagro. El equipo de producción necesitaba a diez personas que les ayudasen con la seguridad del concierto. Por una serie de eventos afortunados del destino, cuatro de mis mejores amigos y yo fuimos tomados como staff de seguridad y entramos al concierto antes que todos. Y no sólo eso, ningún mortal estuvo más cerca que nosotros del escenario puesto que nuestra misión era resguardar la barrera entre el público y la banda. Aunque, para ser fiel a la verdad, poco nos importó el buen resguardo y nos dedicamos a disfrutar como nadie más podría.

La experiencia fue inolvidable, al estar tan cerca de los parlantes sentía cómo las vibraciones y el poder de la música de Stratovarius se apoderaba de cada cédula de mi cuerpo. Y era inevitable no cabecear y gritar a todo pulmón canciones llenas de fuerza y velocidad. Bastará con decir que Jen Johansson (tecladista) y Laure Porra (bajista) interpretaron sólo entre los dos el Adagio de Albinoni. El concierto duró aproximadamente dos horas y tocaron sus canciones más emblemáticas como Speed of Light, The Kiss of Judas, Eagleheart, Black Diamond y Father Time. Pero Ecuador no se fue sin su recompensa puesto que tocaron Paradise, canción que hasta la fecha no habían interpretado en ningún otro país de su gira actual, con la que están promocionando su último álbum Polaris.

El 2009 ha sido el año del Metal para todos los ecuatorianos que disfrutamos de este género. Ahora, después de las presentaciones de estas bandas en el país, podremos soñar con la promesa de retorno de Iron Maiden en 2011 con un nuevo disco, y con el compromiso de Edguy de regresar en 2010. ¿Y por qué no esperar la venida de más grupos? De ahora en adelante, podremos esperar que en el futuro más bandas vengan a Ecuador, siempre y cuando los dioses del Metal –con sus largas cabelleras– sigan sonriendo sobre nosotros.

[Foto: Karen Rodríguez]

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Sobre el autor

Mauricio Reinoso. Redactor invitado.