La vida familiar ya no se articula en torno a lo tradicional sino al sitio donde, desde la pantalla, personajes nos habitan y nos entretienen con discursos inacabables. Es habitual encontrar a padres que ponen a sus hijos frente al televisor desde edad temprana, aún cuando, en muchos de los casos, los niños no entienden el contenido de lo que ven. Este es un caso común entre padres que no cuentan con el tiempo necesario para cuidar de sus niños.
Ahora bien, las interrogantes son: ¿Qué es lo que ven los niños?, ¿Cómo lo asimilan? y ¿Qué reacción causa en ellos?
Mucho es lo que se comenta sobre la agresividad y aislamiento de la gran mayoría de niños y jóvenes, no es díficil encontrar personas que piensan que los niños no son como antes y que las generaciones son cada vez más precoces en muchos aspectos; por ‘coincidencia’ estas generaciones pasan mucho más tiempo frente al televisor que generaciones pasadas. Será esto una de las razones por las que han cambiado tanto. Sin embargo, cabría preguntarse si la televisión acaso al debilitar lo tradicional y desaparecer muchos patrones de conducta establecidos no nos vuelve curiosamente más humanos, al permitirnos ver a otros seres que, aunque en caricatura, son bastante parecidos a nosotros.
Es un hecho que la evolución científica, tecnológica y televisiva es irrefrenable, que cada día se producen nuevos equipos, facilidades para producción y nuevas propuestas televisivas; series y dibujos animados que han cambiado totalmente. De una u otra manera, la televisión nos conecta o desconecta con un mundo donde hay guerras, frivolidades, heroísmo y melodramas planetario; nos globaliza desde el interior de nuestras preferencias e intereses.
Para Lourdes Pérez, Directora de la Escuela de Comunicación de la PUCE, “los niños y jóvenes se han acostumbrado a 24 muertos por segundo y se ha perdido la concepción y apreciación de diferentes series y películas”.
En la actualidad existe una gran demanda en la producción y reedición de antiguas series televisivas como: Súper Campeones, Caballeros del Zodíaco, Mazinger, Tom y Jerry, etc. Incluso en algunos casos se ha apostado al lanzamiento a la pantalla grande de estas series, es así como encontramos Transformes y G.I. Joe en las pantallas de cine. Series en las que primaban valores como la justicia, la lealtad y la amistad.
No podemos tachar de malas a las series animadas de la actualidad, pero si hay material que es cuestionable, series como: Sin Chan, Tom y Dally (dentro de Los Simpson) por ejemplo. Sin Chan es una serie animada en la que su protagonista de 5 años se muestra desnudo para distraer la atención de los mayores que le regañan; insulta a su madre por gorda, por fea ó por vieja; desobedece a su profesora (de hecho llama “señor mafioso” al director de su guardería) y persigue a las mujeres por la calle para “ligárselas”. Tom y Dally tiene un argumento muy simple; perseguir y asesinar de la manera más cruel y sangrienta posible.
La interrogante se presenta al querer saber si los programas infantiles de ahora han cambiado a los niños y jóvenes, sin embargo, no hay respuesta acertada ante este planteamiento; las personas asimilan y aceptan únicamente lo que desean. La disyuntiva podría ser despejada cuando encontramos sucesos noticiosos como aquella tragedia en Estados Unidos el 24 de marzo de 2006, dos adolecentes de 11 y 13 años asesinaron a cuatro compañeras y una profesora; Pero, ¿Puede un hecho como ese ser atribuido a la extrema violencia que los niños veían diariamente en la televisión? ó ¿Existen otros factores que influyen en el comportamiento de los niños?
Lo que sí sabemos es que mucho depende del núcleo familiar, es recomendable que los padres estén pendientes de la programación que consumen sus hijos, controlar y evaluar los programas y series que ellos ven, tomar lo bueno y descartar lo malo de cada uno de estos productos, esto, sobre todo, evitará excusarse por falta de tiempo para dedicarle sus hijos. Como televidentes tenemos la opción de elegir que vemos en la televisión, como lo hacemos y de qué manera lo asimilamos. La televisión está allí y queramos o no, es el punto neurálgico desde donde nos ofrecen múltiples referentes con los que se construyen muchas identidades.






Buen artículo Alberto. Felicitaciones por la edición digital muchachos
Mala onda hablar contra una serie animada dentro de otra que es una parodia. Creo que Tom y Dally (Itchy y Scratchy) son para los niños Simpson lo que Tom y Jerry para varias generaciones.
Creo también que la violencia es parte constitutiva de todo ser humano, el problema está en no saber diferenciar entre la que se muestra en una obra (como los Simpson) y aquella física contra otro ser.