Esta imagen es una de las miles difundidas en blogs y en redes sociales que plasmaron las reacciones de usuarios de Internet ante los sucesos de esta semana. Primero, vivimos la huelga contra las leyes SOPA y PIPA, a la que se unieron Google, Flickr, Reddit, WordPress, 4chan —la lista completa está en sopastrike.com— y, sin duda más visiblemente, la versión en inglés de Wikipedia, que estuvo inhabilitada por 24 horas y mostró un mensaje que condenaba la limitación de la libertad en Internet. Segundo, el jueves 19 de enero, la noticia de que el FBI cerró Megaupload molestó a los millones de usuarios de este portal de alojamiento de archivos —que, como informa Cadena Ser, contaba con unos servidores que podían almacenar hasta 25 millones de gigabytes— y enfureció al grupo de cyberactivistas Anonymous, que inició el ataque más grande en su existencia. La Operación Megaupload paralizó por varias horas los sitios Web del FBI, del Departamento de Justicia de Estados Unidos, de la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos (RIAA), de Universal Music, de la Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos, que se suman a otros 37 sitos más, regados alrededor del mundo. En Twitter, World War Web (Red de Guerra Mundial) se convirtió en el tema del momento para calificar la respuesta de Anonymous hacia el gobierno de Estados Unidos y la industria defensora del copyright.
¿Qué está en juego en esta disputa? Pues la libertad en Internet. Con las leyes SOPA y PIPA se hubiera permitido emitir ordenes judiciales para restringir dominios y cerrar sitios web, siempre que fueran denunciados como difusores de contenidos sin gozar con los derechos de autor. Además se hubiera obligado a que los auspiciantes de los portales que cometan el ilícito retiren su apoyo y, además, se congelen sus cuentas de donaciones. El problema aquí era la abrumadora capacidad de vigilancia que se les habría entregado a los proveedores de Internet y, además, la facultad de eliminar sitios web de manera total. El siguiente video se abrió camino en redes sociales para explicar las implicaciones de la ley SOPA.
Afortunadamente, la inmensa movilización en línea, el decreciente apoyo en el senado estadounidense y las declaraciones de Barack Obama causaron que Lamar Smith, quien propuso la ley, la retirara ”hasta que haya acuerdo más amplio sobre la solución”. En Twitter se celebró (y se sigue celebrando) con la etiqueta SOPA is dead.
Pero el cierre de Megaupload y sitios asociados (Megavideo y Megaporn) fue un baldazo de agua fría. El FBI tuvo el poder de suspender esta página web, que no solo alojaba archivos con copyright, sino otros “legales” y, además, anularon el servicio para centenares de miles de personas que habían pagado por una cuenta Premium. Un símil acertado para esta acción es: “sería como intentar cerrar una ciudad entera porque en uno de sus barrios se realizan actividades que podrían debatirse como presuntamente delictivas (que no es lo mismo que un claro delito)”. Con este atropello, la industria discográfica y cinematográfica se convirtió en el blanco de Anonymous, que, en realidad, podía ser cualquier usuario de Internet indignado. En Twitter, la etiqueta #Opmegaupload conducía a tweets con enlaces hacia Low Orbit Ion Cannons, LOICs, los famosos cañones para saturar el tráfico de páginas web y provocar su caída, en ataques que se conocen como Distributed Denial of Service o DDoS. En palabras de Paty Galeano, usuaria de Twitter: ”Esto de ayudar a Anonymous es como ayudar a Goku a hacer la genkidama“.
Por eso, ahora parece inevitable tener unas nociones básicas de informática, por si son útiles en enfrentamientos de un futuro próximo. La última convocatoria de Anonymous es, sin embargo, más presencial y requiere acciones más directas. El Marzo Negro promueve un boicot a la industria musical y cinematográfica para afectar sus índices de ganancias.
Es difícil no pensar que esto es lo que cualquier opresor odia de Internet: la posibilidad de reunir a tantas personas y compartir tanta información. No podemos arriesgar este espacio valiosísimo por los intereses de unos pocos empresarios en detrimento de los millones de usuarios.








