Drogas digitales: sustancias psicotrópicas a través de tus audífonos

En medio de un debate sobre la legalización de las drogas, I-Doser es un programa que provee drogas auditivas lícitamente.

La música y las drogas han tenido una relación muy estrecha. Canciones de Pink Floyd, Andrés Calamaro, Jimi Hendrix, Soda Stereo y una lista interminable de músicos han sido asociadas al consumo de estupefacientes. Pero I-Doser no son canciones que presentan apología a sustancias psicoactivas, son sonidos que según sus creadores pueden provocar los mismos efectos que las drogas reales.

Este software fue creado por Nick Ashton, un joven artista conceptual neoyorquino. El programa brinda al usuario archivos de sonido con dosis de alcohol, marihuana, cocaína, peyote, LSD, heroína, opio, morfina, orgasmos, éxtasis, ácidos y un sin número de sensaciones más. Estos sonidos están basados en tonos binaurales que envían ondas en frecuencias muy cercanas para cada uno de los oídos provocando sensaciones de euforia, relajamiento, somnolencia, excitación, concentración, embriaguez, creatividad y meditación.

Las indicaciones que te da este programa para lograr efectos son escuchar los archivos en un ambiente tranquilo, si es posible a oscuras, usar tus audífonos a un nivel bastante alto y oír por alrededor de 30 minutos. Las dosis pueden ser adquiridas en la página oficial o pueden ser descargadas gratuitamente de programas de intercambio de archivos como Ares o LimeWire.

Alejandro, un estudiante de Medicina, dice no haber sentido nada con varias de estas dosis. Según él, solo el LSD y una dosis llamada “Gate of Hades” provocó una mínima alteración de sus sentidos. Comentó haber mezclado la dosis digital con un porro de marihuana, lo cual sí potenció el efecto de la droga real. Varios de sus amigos han probado las dosis digitales, algunos argumentan que es un timo y otros le dan cierta aprobación.

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La evidencia científica todavía es mínima, pero lo que sí es innegable es que el oído es uno de los sentidos a través del cual se puede perturbar fácilmente los estados de ánimo. Sonidos muy agudos como los pitos de un carro nos pueden causar iras o furia, mientras que sonidos más suaves como el movimiento de las olas del mar pueden relajarnos, obviamente las percepciones son absolutamente subjetivas.

Lo cierto es que la sugestión puede llevar a una persona a creer que está bajo los efectos de alguna de las drogas escuchadas sin estarlo en realidad; sin embargo, hay personas que sí pueden sentir alteraciones en sus sentidos con estos sonidos.

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